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Foto de Aldo, prueba![]() Aquí se escribe la entrada, es decir el artículo que quieras publicar. TRES NOMBRES LEGÍTIMOSEDELBERTO MARTÍN FRANCISCO: CAMPESINO, PELOTERO Y BANCARIO DE ÉXITOS.
Aldo Isidrón del Valle Premio Nacional de periodismo
Edelberto Martín Francisco. ¿Y el apellido?
Pregunto a mi interlocutor, un bancario de éxito, cuya trayectoria humana es impresionante .La respuesta está decorada con una sonrisa amplia:
- Francisco es mi primer apellido, muy familiar en la zona donde nací, por mis antepasados., y en otras comunidades y asentamientos campesinos de Fomento, Taguasco, Cabaigüan, Zaza del Medio y Camajuaní en la región central de Cuba. Allí levantaron sus casas de campaña emigrantes de Islas Canarias, mi abuelo por vía paterna era uno de ellos. A esos isleños caracteriza su vocación por el trabajo.
Mi abuelo, longevo, caminó por la tierra más de cien años y mi abuela le parió dieciséis muchachos. El viejo fue muy productivo y laborioso. Siempre vivió en el campo, en la zona de Fomento, municipio custodiado por las montañas del Escambray. Cuando la guerra contra la tiranía batistiana, éste municipio fue liberado por los hombres del Che en diciembre de 1958 y entró en la historia contemporánea como el primer municipio declarado territorio libre en Las Villas.
El apellido de mi abuelo era Francisco y cuando yo nací en la finca Caguasal, a orillas del río Agabama, asumí los nombres de Edelberto Francisco Martín. Parece una broma pero es real. Soy uno de los pocos bancarios cubanos con tres nombres en busca de un apellido. Mis padres viven. El viejo cumplirá en el 2010, cien años y mi madre 90. Mi patriotismo, mi amor por la revolución tiene una hermosa alegoría: nací el 24 de febrero de 1941.
Un día mi padre decidió cambiar de aire y negoció los 50 cordeles de tierra que poseía, luego de la repartición de las tres caballerías del abuelo y las cuales fue parcelando en la medida en que sus hijos crecían.
¿Y cuando llegan a Santa Clara?
- Un día el viejo le dijo a mi madre: vamos a arrendar una finca cerca de Santa Clara para que los muchachos puedan estudiar. Santa Clara, en la época de mi historia, 1946 era la ciudad capital de Las Villas, provincia que después de la división político-administrativa, en 1976, se multiplicó y así surgieron Villa Clara, Sancti Spíritus y Cienfuegos, que adquirieron jerarquía territorial rectora.
Y nos mudamos para la finca San Miguel, en la cercanía del caserío de Manajanabo, nombre al parecer de origen indio y al que circundaban tierras muy fértiles.
Mi padre era un excelente trabajador de la tierra y con el paso del tiempo puso la finca a producir ganado, tabaco y frutos menores. En aquellos tiempos casi a mitad del siglo pasado si te dedicabas a cultivar malanga y boniato, morías de hambre pues no se abrían áreas de comercialización para ellos y obvio: ¿como mantener a una familia en tiempos en que había gente viviendo en los caminos, en las guardarrayas, principalmente en el funesto tiempo muerto?. Nueve meses de tiempo muerto y tres de zafra azucarera, la gente iba a cortar caña pues no existía otra fuente donde ganar unos pesos, vital para el sustento de la familia. Cuando terminaban la zafra los cortadores de caña volvían a su miserable destino de origen y se ofrecían como jornaleros con un miserable salario.
- Aquí en Manajanabo, dice Edelberto que nació Felito, “mi hermano, también excelente trabajador, de carácter recio. No le temía a las vacas bravas pero sí era algo tímido con las mujeres. Es el solterón de la familia”.
- De cierta manera, periodista, defraudamos al viejo, pues no todos estudiamos como él quería. Pedro, mi hermano mayor, ejerció el oficio de mecánico tornero y para ello tuvo que asistir a la escuela de Artes y Oficios de Santa Clara, y tras concluir comenzó a trabajar en un taller. Un día, allá por 1956, Pedro le dijo al viejo:
- Si me pagas el pasaje voy echando hacia Estados Unidos- Ya imagina el déficit de empleo que sufríamos en Cuba y en Santa Clara especialmente habían muy pocos lugares atractivos para ejercer un trabajo decoroso y Pedro marchó a Estados Unidos. Actualmente radica en Loussiana, allí es propietario de un restaurante. Heredó de mi padre la voluntad de trabajar duro.
Yo matriculé en una escuela secundaria de Santa Clara, en Candelaria y Unión y después fui alumno en la Escuela Profesional de Comercio, (el examen de ingreso tiene su historia a contar en otro memento, pues es tragicómica). Y llegó 1959, y el triunfo de la revolución. Yo cursaba el último año de la carrera.
Mi tercer hermano concluyó estudios superiores. Le atraía la tierra, el campo más que la escuela. Y en el primer llamado del Servicio Militar (SMO) dio el paso al frente y jamás olvida que fue tanquista, a las órdenes del legendario combatiente Guillermo García, Comandante de la revolución. Mi hermano es pequeño agricultor.
Comento que poseo información acerca de un científico en tu familia, ¿ es verdad ?. Sí, es Grife, actual profesor de la Universidad de Cienfuegos. Grife también tiene su historia: fue de los primeros becados de la revolución quien después de la campaña de alfabetización cursó estudios superiores en nuestra Universidad Central,, conquistó título como ingeniero químico y más tarde fue seleccionado para la aspirantura de un doctorado en Polonia.
Silvia, la esposa de mi hermano con igual nivel científico que él amorosamente influyó para un cambio de ambiente provinciano y se instalaron en la perla del Sur. Son felices y muy útiles a la sociedad.
Éste bancario de tres nombres, aprendiz de agricultor y ordeñador de vacas confiesa sonriente en su climatizada oficina de CADECA de Santa Clara que, “ esos fueron sus primeros empleos en la finca de su padre”. ¿Y cuando ingresas en la nómina del Estado cubano como empleado?.
- En 1960, era estudiante de la Escuela de Comercio y medio agricultor, junto con Evidio Gonzáles, compañero de aula, emprendí la noble tarea de enseñar y alfabetizamos a unos cuarenta campesinos, hombres y mujeres adultos. Una escogida de tabaco y salón de baile ubicada a unos pocos metros de mi hogar, “al cantío de un gallo”.
El maestro por aquellos días conoció a Ovidio Díaz, joven Dirigente del Partido Socialista Popular, “para mi algo semejante a una leyenda viva”. Ovidio, en octubre de 1958. fue al encuentro del Che Guevara, cuando su columna invasora llega a Las Villas para fortalecer la lucha guerrillera en el Escambray. Mi amigo era portador de un mensaje, suscrito por el Comité Provincial del PSP. Al triunfo de la revolución nos donó para nuestra aula, pupitres, lápices, libretas, faroles, él era dirigente de la Federación Campesina, cuyas oficinas radicaban en un espacio de la actual Biblioteca José Martí en Santa Clara.
Cuando en 1961, se funda la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, (ANAP), Edelberto comenzó a trabajar con Ovidio en el cargo de contador y en otras tareas hasta la creación del Departamento de Créditos a campesinos y cooperativas. Allí fue ubicado y dos años más tarde administraba la Oficina Regional; luego se produce un cambio departamental de créditos de la ANAP al Banco Nacional y es así “como desde esa fecha hasta el 2009 me convierto en bancario. En mis pasos por la vida he sido agricultor, pelotero, anapista y bancario”.
¿Pelotero? La plática con el actual Gerente Provincial de la Oficina de Cambio (CADECA) en Villa Clara transcurre en medio de un apasionante clima beisbolero, día último de la serie play-off, y disputan el cetro nacional el equipo naranja, el nuestro y los avileños, ocasión en que mi amigo abre las puertas a sus recuerdos juveniles y nos sorprende con una confesión:
- Sí, fui pelotero, lanzador de un equipo amateur y aunque algunos se muestren escépticos, por ignorancia de la “historia” de mi vida”, en una ocasión competí frente al equipo que tenía en la lomita a Mike Cuellar. Ya era ganador consistente en el club Almendares. Perdí el desafío 3 a 2. Mike era un pitcher de lanzamientos con fuerza de cien millas. Yo no igualé sus marcas pero sí tenía algo en la bola y sabía colocarla en la zona de strikes. Mike fue a parar a las Grandes Ligas y yo seguí por lo campos de Manajanabo y el asfalto de Santa Clara.
La Universidad Central ha registrado tu presencia desde que allí te iniciaste hasta tu graduación, 25 años después, y si no es un récord para el libro Guines es una buena marca para un estudiante, ¿verdad?: - Te cuento: en septiembre de 1961 matriculé la carrera de Contador Público, pero a inicios del otro año, fui enviado para el Dpto. Regional de Créditos de la ANAP, en Sagua La Grande y abandoné las aulas.
La asistencia a La Universidad era de lunes a viernes, por la noche y como sabes pasé tres años en Camajuaní y de allí a Santa Clara, para una Sucursal Bancaria como Administrador. En 1966 retorné a La Universidad, pero se difunde el llamado a las filas de la Columna Juvenil del Centenario, doy el paso al frente y fui a parar a su Estado Mayor en Camagüey. Adiós estudios universitarios. Mi jefe era Jaime Crombé, actual Vice-Presidente del Parlamento Nacional. Un formidable ser humano.
Jamás olvido aquel 1ro de mayo, en Vertientes: fui honrado con el carné del Partido Comunista de Cuba. Me llegó de las manos del compañero Alberto Rodríguez Arufe, quien fuera nuestro Embajador en China.
¿Y por fin? Cuando terminas los estudios superiores.
En Cuba vivimos aquel proceso de lucha contra el burocratismo, de eliminación de cobros y pagos, de subvaloración de la contabilidad y, de veras, no me sentía muy estimulado a reiniciar mis estudios en La Universidad, pero éste panorama se despejó en el Primer Congreso del Partido, y felizmente en 1988 fui honrado con el título de Licenciado en Economía. Como no soy muy inteligente, acudí a la tenacidad y ello contribuyó a que fuera el primer expediente de Curso de Trabajadores. Fue un buen regalo para mis padres, mi esposa, mis hijos y otros cariños cercanos.
Edelberto ¿ y de la Dirección Provincial del Banco a CADECA, cuál es la historia?. – Sabes que amo mucho al Sistema Bancario por su disciplina, organización, por la importante función que desempeña en la sociedad. Siempre reconoceré que me ayudó mucho en mi preparación como trabajador, esto junto al gran capataz que tuve en mi padre, son elementos de primer orden en mi vida laboral. No obstante, ya tengo casi medio siglo como dirigente bancario.
Un día me dijeron: Vaya al frente del grupo de trabajadores a crear la Gerencia de CADECA) en Villa Clara. Y comenzamos el servicio el 5 de enero de 1997 con una Casa de Cambio con tres cajas. Hoy tenemos 20 oficinas con 33 cajas. No es como el salto de Sotomayor, pero es un buen salto. Al inicio atendíamos diariamente unos setecientos clientes y hoy superamos los seis mil que compran y venden divisas: USD, dólar canadiense, Euros, pesos mexicanos, Libras Esterlina, Francos Suizos, que realizan operaciones con tarjetas de créditos que reciben pagos de remesas de la Western Union.
Soy un hombre feliz en CADECA. Existen razones: Contamos desde el 2007 con la red básica, al menos una casa de cambio por municipio: colectivos de trabajadores formidables: muchas compañeras en el desempeño eficaz de cargo de dirección con buenos resultados en el trabajo: tenemos muchos prestigio ante los clientes y las autoridades del Partido y del Gobierno en la Provincia y municipios. Existe orden y disciplina, aunque como toda obra humana no todo es perfecto.
Edelberto, reitera que es un hombre feliz que disfruta del trabajo bancario y el agrícola. “ cultivo plantas ornamentales que, de cierta manera comparto con mis amigos. Preguntas que personalidad política, dirigentes del BNC y otros ámbitos de la vida ejercieron influencia en mi trayectoria humana. Fidel, en primer orden, el maestro, el Comandante en Jefe y el padre de todos los cubanos, y Raúl León Torras, por su inteligencia y personalidad impresionante: escapó de la vida repentinamente y los bancarios perdimos al hombre que aun necesitamos en el Banco Nacional de Cuba. El listado de amigos, forjadores de hombre nuevo, es muy extenso, amigo mío, muy extenso.
Amo a mi esposa, a mis hijas, Loretta y Marieta, a mis nietos y a la vida que me ha dado tanto. “LA PIEDRA Y EL PAÑUELO”Selva congoleña, mayo 1965. La lluvia pertinaz impide a los guerrilleros internacionalistas cubanos reactivar sus acciones bélicas frente a un enemigo escurridizo y con fuerte apoyo logístico de colonialistas belgas y mercenarios que matan por encargo mediante suculenta paga. Pasajes de aquel drama africano refleja el Comandante Ernesto Che Guevara en su Diario de campaña. Capítulo aparte mereció “La Piedra” título de uno de sus más conmovedores artículos inspirados en Celia, la madre que agoniza en Buenos Aires.
… “Me lo dijo como se deben decir estas cosas a un hombre fuerte, a un responsable y lo agradecí. No me mintió preocupación o dolor y traté de no mostrar ni lo uno ni lo otro. ¡Fue tan simple!
Además había que esperar la confirmación para estar oficialmente triste. Me pregunté si se podía llorar un poquito. No, no debía ser porque el jefe es impersonal; no es que se le niegue el derecho a sentir, simplemente, no debe mostrar que siente lo de él; lo de sus soldados, tal vez.
__ Fue un amigo de la familia, le telefonearon avisándole que estaba muy grave, pero yo salí ese día.
__Grave, ¿de muerte?
___Sí.
___No dejes de avisarme cualquier cosa. ___En cuanto lo sepa, pero no hay esperanzas. Creo.
Ya se había ido el mensajero de la muerte y no tenía confirmación.
Esperar era todo lo que cabía. Con la noticia oficial decidiría si tenía derecho o no a mostrar mi tristeza. Me inclinaba a creer que no. (1)
El sol mañanero golpeaba fuerte después de la lluvia. No había nada extraño en ello; todos los días llovía y después salía el sol y apretaba y expulsaba la humedad. Por la tarde, el arroyo sería otra vez cristalino, aunque ese día no había caído mucha agua en las montañas; estaba casi normal.
Decían que el 20 de mayo dejaba de llover y hasta octubre no caía una gota.
Decían…pero dicen tantas cosas que no son ciertas.
¿La naturaleza se guiará por el calendario? No me importaba si la naturaleza se guiaba o no por el calendario. En general podía decir que no me importaba nada de nada, ni esa inactividad forzada, ni esta guerra idiota, sin objetivos. Bueno, sin objetivos no; sólo que estaba tan vago, tan diluido, que parecía inalcanzable, como un infierno surrealista donde el eterno castigo fuera el tedio. Y, además, me importaba. Claro que me importaba.
II. Solo dos recuerdos pequeños llevé a la lucha; el pañuelo de gasa de mi mujer, y el llavero con la piedra de mi madre, muy barato éste; la piedra se despegó y la guardé en el bolsillo
(…) ¿No se llora porque no se debe o porque no se puede?
¿No hay derecho a olvidar aun en la guerra?
¿Es necesario disfrazar de macho al hielo? Que se yo. De veras, no se. Solo se que tengo una necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro y ella me diga “mi viejo”, con una ternura seca y plena y sentir en el pelo su mano desmañada, acariciándome a saltos, como un muñeco de cuerdas, como si la ternura le saliera por los ojos y la voz, porque los conductores rotos no la hacen llegar a las extremidades. Y las manos se extremasen y palpan más que acarician, pero la ternura resbala por fuera y las rodea y uno se siente tan bien, tan pequeñito y tan fuerte. No es necesario pedirle perdón; ella lo comprende todo; uno lo sabe cuando escucha ese “mi viejo”.
III. ¿El pañuelo de gasa? Sobre él descansó en cabestrillo el brazo del guerrillero dañado durante la ofensiva del Ejercito Rebelde en diciembre de 1958. Ocurrió cuando el asedio y liberación de Cabaigüan, estratégico poblado del centro de la Isla, famoso por sus vegas de tabaco y colonias de inmigrantes canarios. (…) El pañuelo de gasa; me lo dio ella por si me herían en un brazo, sería un cabestrillo amoroso, la dificultad estaba en usarlo si me partían el carapacho. En realidad había una solución fácil, que me lo pusiera en la cabeza para aguantarme la quijada y me iría con él a la tumba. Leal hasta en la muerte. Si quedaba tendido en un monte o me recogían los otros no habría pañuelito de gasa; me descompondría entre las hierbas o me exhibirían y tal vez saldría en Life con una mirada agónica y desesperada fija en el instante del supremo miedo. Porque se tiene miedo, a que negarlo.
IV. Octubre 1997.Conmovedor tributo nacional al Che y sus compañeros caídos en combate durante la campaña guerrillera en Bolivia; sus restos reposarían desde este instante en el Mausoleo de la histórica Plaza que honra con su nombre al Guerrillero Heroico, Ernesto Che Guevara.
Aleida March, compañera del Che en la guerra de liberación; esposa y madre de sus hijos cubanos, recuerda.
…Esta vez yo no llegaba a mi ciudad natal, Santa Clara, para rememorar la historia vivida en común, sino que me traía el adiós y lo hice con añoranza, en una especie de rito que sentía que le debía. Se que sorprendí a muchos con la decisión que había tomado y los primeros sorprendidos fueron mis hijos, que no sabían nada de lo que había resuelto hacer y hasta dudaron a que llegara al final. El motivo de mi resolución era aquel pequeño pañuelo de gasa que le había dado al Che como recuerdo y que guardó hasta nuestro encuentro en Tanzania, donde me lo devolvió. Aquel que en La piedra el Che, con la ironía que lo caracterizaba, da fe de lo que representaba para él ese pañuelo.
En esas circunstancias sentía que era una deuda y le pedí a mi hija Aliucha, ya tarde en la noche__ cuando se había retirado el pueblo__, que pidiera autorización para abrir el osario. Demás está decir que yo no tuve valor para hacerlo, fue mi hija Celia quien lo depositó junto a sus restos para que el guerrero descansara con su pañuelo de gasa: “leal hasta la muerte”.
(1) Celia de La Serna, murió en Buenos Aires, víctima de cáncer, el 19 de mayo de 1965.
Un periodísta provincianoAldo Isidrón del Valle, Premio Nacional de Periodismo del año 2003, escala el trono del reporterismo desde Villa Clara, su provincia natal.
KARLIENYS CALZADILLA PADILLA (Facultad de Comunicación,
En una columna del apartamento donde Aldo vive con su esposa, destaca, en su vaina de cuero fino, un trofeo de la Patria: la Réplica del Machete de Máximo Gómez. Está escoltada por los Premios a la Obra de la Vida, en la Radio y el Periodismo, y la Distinción por la Cultura Nacional. La efigie del Che pareciera mirar con orgullo esa galería que honra a este periodista “provinciano”. Su vida profesional la consagró a contar historias de un territorio transformado radicalmente por la Revolución. Aldo Isidrón del Valle, más que villaclareño un cubano de siempre, ha demostrado cómo asaltar el cielo nacional desde el centro del país. Hoy narra sus vivencias a lo largo de un devenir por la vida conquistando sueños. “Mi niñez transcurrió entre más sombras que luces. Migajas de pan repartidas para nueve críos hambrientos. Asco de república esa. Fidel, en La Historia me Absolverá, captó una imagen real de aquella sociedad neocolonial. “Enmascaré mi amargura infantil, ya algo más adulto, con una sonrisa de dramaturgia estudiada. Exigencia de la época. Desempolvo recuerdos de aquellos tiempos solo en momentos en que me rondan los duendes de las tribulaciones y, según Chaplin, una sonrisa cuesta poco y produce mucho. Caer pesado en Cuba, es una desgracia”.
Desde joven era un rebelde con causa. Denunciaba la politiquería y corrupción de aquellos tiempos. Estudió en la Escuela Profesional de Periodismo Severo García Pérez que, a principios de 1958, cuando la Huelga de Abril, cerró sus puertas, convocada por la célula del 26 de Julio que él integraba.
“Concluí los estudios en La Habana en 1964, año que recuerdo amorosamente porque conquisté mi primer premio periodístico en el Festival auspiciado por el periódico Revolución, bajo el título Papel y tinta. Era un evento de carácter internacional. El jurado me concedió la réplica de una paloma de plata y 500 pesos en efectivo, una fortuna para la época”.
Ese año viajó a Japón enviado por el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), un gesto inolvidable del Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, su maestro y amigo. En Tokio, por iniciativa propia, Aldo solicitó una entrevista con el célebre actor japonés Tochiro Mifune y la obtuvo cinco semanas después, en el hit-parade de sus películas en Cuba. “Tochiro era un virtuoso y políglota consagrado, dominaba ocho idiomas. Revolución publicó la entrevista a página completa. Un palo periodístico que de cierta manera me consagró como reportero. Imagina, un guajiro en Japón. Samuel Feijoo reía estrepitosamente, periódico en mano, en charla abierta con Roa y Fernando Portuondo, en las oficinas del MINREX. “
-Con 15 años se inició en el mundo de la radio, ¿cuán difícil fue? Corrían los tiempos en que los hombres lobos trepidaban en manadas, tal era el código que imponía la sociedad para subsistir. La radio no fue una excepción. Penetrar en aquella selva y salir ileso exigió mucho esfuerzo y dedicación. Pagué un alto precio en mis años de novato en la radio, dura experiencia que me ayudó a forjar un estilo y un carácter en mi profesión. Después de 1959 se despejó el horizonte y comencé a trabajar como director de noticiero y miembro del Consejo de Dirección de aquella emisora que me acogió cuando niño. Allí también, en sus años mozos, fue trovador, pues el trabajo en la radio le daba esa posibilidad y así complacía peticiones. Su voz “vendía” y era del agrado de los comerciantes de la ciudad. Con ello mejoró su situación económica. “La radio y la prensa escrita son grandes amores. Sufrí más en la primera que en la segunda, donde tuve el privilegio de formar parte de un grupo de periodistas escogido por excelentes maestros de este oficio. Citar sus nombres me provoca cierta nostalgia porque algunos de ellos fecundan la tierra…” Después de Germán Isidrón, su padre, y Fidel Castro, es el Comandante Ernesto Che Guevara la persona que más influyó en sus pasos por la vida profesional y revolucionaria. Trabajó con él cinco años. Integró su equipo de prensa y fue el hombre del micrófono en actos oficiales donde el Che era el orador principal: “¿Seremos como el Che? Justa aspiración. Detesto la clonación simbólica. Actuemos como él y el mejoramiento humano tendrá un sentido más ético y profundo”. Isidrón fue fundador de los periódicos Revolución y Granma, y ha colaborado, desde 1959 a la fecha, en otras publicaciones como Bohemia y Juventud Rebelde: “Soy un privilegiado, protagonista de tiempos inolvidables en que fuimos capaces de demostrar que podíamos hacer un periodismo militante y creador, ameno y combativo”. También colaboró como corresponsal de guerra en Girón, donde fue herido, pero no por los proyectiles de los mercenarios, sino por los dientes de perro de aquellos terrenos cenagosos. “Sucedió que cuando íbamos en fila india hacia la Ciénaga de Zapata, un B-26 mercenario atacó a los milicianos y yo salí abruptamente a buscar refugio para tratar de proteger la piel del esqueleto. Me lancé de bruces contra una cuneta y choqué contra un inmenso peñasco abandonado por el salitre de la playa, como un trofeo de la Ciénaga. Fue tal el impacto del golpe que destrozó en parte mi rodilla derecha. “Pude llegar caminando a duras penas, y con un dolor inmenso, al hospital de primeros auxilios, instalado en el batey del central Covadonga. Allí recibí puntos y vendajes en la rodilla, algún sedante y el consejo del Comandante de Operaciones, René de los Santos: ‘Así no puedes continuar, vuelve a Santa Clara’. Dije que no y fue sabia la decisión, porque terminé la guerra. Vi con mis propios ojos, y entrevisté para la radio y Revolución. Además, si regresaba antes de culminar la misión la gente iba a pensar que me había rajado.” -¿El acercamiento a la literatura está condicionado por su formación periodística? Todos mis libros tienen su origen en investigaciones realizadas en el trabajo de campo. Detesto el periodismo telepático. No existe divorcio alguno entre periodismo y literatura. Uno de sus escritos, el reportaje Cuba en García Márquez, aún permanece inédito debido a una variación en el proyecto original. Todo ocurrió a partir de las publicaciones de excelentes artículos y crónicas inspiradas en el 80 cumpleaños del Premio Nobel de Literatura, y ante el conocimiento público de su misión a Washington con un mensaje de Fidel a Clinton. “Hubo un cambio brusco, necesario, pues incorporé los materiales en homenaje al Gabo. Y además, me permite cierta licencia autoral para que el libro se publique sin mayores obstáculos de tipo comercial. Resta, a la obra, una crónica extraviada en mis viejos papeles que escribió García Márquez a Núñez Jiménez, luego de su viaje por el Amazonas. Tengo el compromiso de entregar el artefacto literario, en diciembre venidero”. La infinita admiración, respeto y cariño por Fidel, incentivaron sus búsquedas para un acercamiento legítimo a la vida del líder de la Revolución desde los tiempos lejanos de Birán. Por ello escribió el libro Antes del Moncada: niñez, adolescencia y juventud de Fidel Castro. ”No fue el trabajo de un día, sino la investigación de años, y la colaboración de gente amiga. Ese es un libro que tiene cinco ediciones. La primera fue por la Unión de escritores y artistas de Cuba (UNEAC) y las otras por la Editorial Pablo. Me cuentan que la edición última ya está agotada.” -¿Por qué cedió los derechos de autor del libro De Alta Gracia a Santa Clara al Comité de Solidaridad Hoy por Cuba, de Córdoba, Argentina? Solidaridad recíproca. Esa gente noble, combativa y fiel a la causa de la Revolución cubana, sacrifican hasta la sal de su vida por el socialismo. Quieren a Fidel como a un padre y al Che como el hijo pródigo. Aldo es un “sabueso” en los caminos del rescate de asuntos relevantes que enriquecen el Patrimonio Nacional y salvó el expediente de juicio de Fidel en Santa Clara… “Omito pistas de cómo llegué a la ‘cueva del tesoro’ porque el periodista debe ser discreto y no revelar todas sus fuentes, en situaciones como estas que narro. “Fidel, en un discurso en Santa Clara, evocó momentos de sus pasos por aquí en época del capitalismo. Confirmó a la multitud que había estado en la ciudad para comparecer ante un tribunal de urgencia, acusado por desorden público y atentado a la autoridad, durante un mitin estudiantil en Cienfuegos. “De acusado pasó a acusador, tras la denuncia de los infinitos males que padecía la seudo-república. Se defendió y salió absuelto por mayoría del jurado que integró la sala. La publicación de esta historia fue en 1976, ahí está en Granma, a página completa”. El Premio 26 de Julio de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) le fue entregado, en acto solemne, por su entrañable amigo y maestro de generaciones de periodistas, Ernesto Vera. Después le llegó la felicitación de Fidel y Celia. Ese año, el profesor Jorge Ibarra, presidente de la filial de Historia de la UNEAC, propuso que lo eligieran Miembro de Honor de la prestigiosa institución. -Tantos años de esfuerzo merecieron en el 2003 el Premio Nacional de Periodismo José Martí. ¿Está satisfecho? Soy un hombre feliz. La amargura de ayer quedó en el camino del tiempo. El tema de la total realización humana tiene las vibraciones de un villancico navideño. Muchos dignísimos testimonios estimulan la obra de la vida de un intelectual cubano. Pero en provincias el concepto personalidad aún no tiene una auténtica dimensión humana. Tal es el olvido. Pero adiós a las amarguras porque ya vendrán tiempos mejores, espero que vengan pronto porque el mío se agota. En los últimos años ha colaborado con la emisora CMHW, a la cual quiere con infinito amor. Allí lo acogieron los amigos de siempre y junto a ellos celebró, en julio pasado, los 50 años en ese importante medio de comunicación. -El éxito profesional a veces va en detrimento de la atención a la familia, ¿ha podido equilibrar todo? Hay que simultanear los dos cariños. El éxito es fugaz, más hipocresía que otras cosas. El amor a la familia, si fuiste capaz de formar una familia con esas virtudes, será eterno. Yo sufro por esta lejanía, impuesta por la crisis capitalista, el bloqueo, y la madre de los tomates. Otra gente tiene más suerte, aunque menos títulos honoríficos que el periodista que cuenta esta historia. Pero eso ocurre hasta en Alaska, donde hay una comunidad de 136 cubanos, entre ellos 12 villaclareños”. -Si le dieran la posibilidad de ejercer otra profesión, ¿cuál escogería? Me invitas a tripular la máquina del tiempo. Acepto con la condición de no renunciar a mi profesión de periodista. La otra que escogería la determinaría el jefe de recursos humanos de la escuela de hotelería y turismo, en la especialidad de Gerente de hoteles cinco estrellas. Esta máquina aterrizaría en Varadero, naturalmente. -¿Cómo valora el periodismo cubano de hoy? Se acerca la media noche cuando recibo en mi computadora las esperadas respuestas. Un enorme apagón hizo a Mayra, su esposa, teclear las memorias de Aldo una y otra vez, mientras él repasaba cada experiencia, y le hablaba a las nuevas generaciones: “Sean dignos de estos tiempos en que gracias a la prensa digital nos comunicamos con el mundo. Si no están convencidos y no creen en el mensaje que transmiten, cambien de oficio. Demuestren de cuánto somos capaces los periodistas cubanos…” Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Ficha Técnica: Objetivo Central: Demostrar cómo un periodista de provincia pudo obtener el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la Obra de la Vida, sin olvidar sus raíces. Objetivos Colaterales: Dar a conocer los méritos que ostenta este periodista. Resaltar cómo, en una época tan difícil como antes del triunfo de la Revolución, logró vincularse a esta profesión. Conocer sus criterios acerca del periodismo cubano. Conocer la influencia de importantes personalidades de nuestro proceso revolucionario en su desarrollo profesional. Indagar en su actividad investigativa y literaria. Tipo de entrevista: Por los participantes: Individual. Tipo de título: De alusión al entrevistado. (Para la realización de esta entrevista fueron consultadas fuentes documentales secundarias y no documentales. Entre las primeras, el archivo de la Casa de las Américas y la revista digital Cubaperiodistas de la UPEC. Entre las fuentes no documentales, el entrevistado; Lázaro Marrero, amigo del entrevistado; y Amparo Ballester, compañera de trabajo del entrevistado)
10/01/2009 09:34 Autor: islalsur. #. Tema: Premios Nacionales de Periodismo.
La Patria le contempla orgullosa.![]()
13/08/2007 15:17 Autor: presencia. Hay 1 comentario. PEDIMOS JUSTICIADECLARACION DEL COMITÉ DE FAMILIARES DE LA VICTIMAS DE LA VOLADURA DEL AVION DE CUBANA EN BARBADOS Compatriotas En momentos que compartimos el profundo dolor con los familiares y el pueblo norteamericano, por el asesinato de los jóvenes estudiantes de la Universidad Tecnológica de Virginia, se produce la horrenda e insólita decisión del gobierno de los Estados Unidos de darle la libertad bajo fianza al connotado asesino y terrorista internacional Luis Posada Carriles. Nos llena de indignación que este verdugo protegido por las autoridades norteamericanas regrese con toda la seguridad y garantías a Miami, guarida de terroristas que durante más de 40 años han cometido numerosos crímenes contra nuestro pueblo. Una vez más la sin razón y la impunidad, se impone a la razón, a la verdad y a la justicia. La noticia dada a conocer ayer por los medios de prensa del mundo vuelve a enlutarnos y nos hace recordar los terribles y amargos momentos vividos en octubre de 1976, cuando aun niños perdimos abruptamente a nuestros familiares por el abominable crimen cometido por Posada y Bosch contra civiles inocentes al explotar una bomba colocada en el avión de Cubana de aviación en las costas de Barbados. Hoy queremos alertar al mundo del peligro que representa que se encuentre libre el mayor asesino del hemisferio occidental. Este repugnante verdugo fue reclutado y entrenado por la CIA para ejecutar horribles actos terroristas contra Cuba, junto al otro terrorista Orlando Bosch, quien se pasea libremente por las calles de Miami amparado por la amnistía que le concedió Bush padre cuando era presidente de los Estados Unidos. Luis Posada Carriles participó en la invasión de Bahía de Cochinos, en la Operación Cóndor, organizador y autor intelectual del sabotaje y explosión en pleno vuelo de la nave de cubana de aviación que costo la vida a 73 personas el 6 de Octubre de 1976. Ayudado por la CIA a fugarse de una prisión de Venezuela en 1985, se vinculó de inmediato a la guerra sucia contra Nicaragua. Notable narcotraficante, responsable del envió de drogas a los Estados Unidos. Prestó importantes servicios a la Fundación Cubana-americana con la cadena de actos terroristas contra centros turísticos en La Habana en la década del 90. Tuvo una activa participación en planes de asesinatos contra nuestro Comandante en Jefe. La decisión de permitir que Posada Carriles esté libre en Miami es la más clara demostración de la doble moral del gobierno norteamericano, libera a un terrorista y mantiene en una injusta y cruel prisión a cinco luchadores antiterroristas. Los familiares de las victimas del terrorismo no podemos salir del asombro, ante tanto cinismo. El gobierno de los Estados Unidos se ha burlado de los acuerdos y tratados que le obligan juzgar a Posada Carriles como un terrorista. El 11 de Mayo, Posada comparecerá ante una corte acusado únicamente de mentiroso, que infamia, que burla a la opinión pública internacional, al pueblo norteamericano y a los familiares de las víctimas de los crímenes cometidos por este verdugo que de inmediato debe regresar a prisión, esa es nuestra exigencia. Nunca podremos olvidar sus desafiantes palabras de que no se arrepiente de nada y que si volviera a nacer, haría lo mismo. Cuando fue entrevistado sobre la bomba que ordenó detonar en el Hotel Copacabana y que puso fin a la vida de Fabio Di Celmo, sentenció con total desprecio por la vida: el joven Italiano”se encontraba en el lugar y en el momento equivocado”. Esas palabras dichas por este celebre asesino, fueron inconcebiblemente repetidas por el Presidente Bush, quien al referirse a los jóvenes estudiantes asesinados en la Universidad Tecnológica de Virginia afirmó que estos se encontraban en el lugar y en el momento equivocado. Esta vigilia que comenzamos hoy es para alertar al mundo de la responsabilidad de la Administración Bush por la liberación y protección del terrorista Posada Carriles, para exigir que el verdugo regrese a prisión, que sea juzgado como lo que es: un connotado terrorista o que sea extraditado a Venezuela, no hay otra alternativa, los pueblos tienen ansias de justicia. En este momento de indignación hace recordar el poema Pido Castigo del inolvidable poeta Pablo Neruda. PARA LOS QUE DE SANGRE SALPICARON LA PATRIA,PIDO CASTIGO PARA EL VERDUGO QUE MANDO ESTA MUERTE.PIDO CASTIGO PARA EL TRAIDOR QUE ASCENDIO SOBRE EL CRIMEN.PIDO CASTIGO PARA EL QUE DIO LA ORDEN DE AGONIA,PIDO CASTIGO PARA LOS QUE DEFENDIERON ESTE CRIMEN.PIDO CASTIGO. COMITÉ DE FAMILIARES DE LAS VICTIMAS DE LA VOLADURA DEL AVION CUBANO EN BARBADOS. Años felices en Alta Gracia..."Antes de la llegada de Ernesto, en el barrio se decía que Villa Nidia estaba hechizada, pero con Ernesto, sus padres, sus hermanos, se convirtió en la casa del pueblo. Los niños del lugar seguían encantados. De hecho Doña Celia, animaba a su primogénito y sus otros hermanos, Celia, Roberto y Ana María, a que llevaran a sus amigos a Villa Nidia, sin importarles que fuéramos de su misma clase social o vendedores de periódicos" ... (D. Moyano, Alta Gracia 2001) Entrenamiento del futuro guerrillero ... "Fui amigo de Ernesto, y de ese mundo de recuerdos que hoy revivimos, de su infancia, de sus travesuras, de su asma, en Alta Gracia, jamás olvido que fue en Alta Gracia y en otras Sierras de Córdoba donde sin saberlo, se entrenó para lo que iba a afrontar más tarde: escalar montañas, montar a caballo, practicar la natación, soportar el frío, el calor, aprender a sobrevivir. Todo aquello sirvió a Ernesto de preparación para lo que vendría después. Desde los 10 años salíamos a caballo, con una carpa o nada, una hamaca, dormíamos a cielo abierto"... (Calica Ferrer, Buenos Aires 2001) Ajedrez: Los primeros movimientos ..."Enseñé a Ernesto los primeros movimientos de ajedrez cuando él era muy pequeño, fue en Alta Gracia en las Sierras de Córdoba. Recuerdo algunas partidas en que yo por voluntad propia perdía y mi hijo se ponía furioso, así no quiero jugar, decía. Con el tiempo progresó en la práctica del juego ciencia y cuando en Buenos Aires estudiaba la carrera de Medicina enfrentaba a expertos jugadores, pero yo no estoy autorizado a juzgar a mi hijo como ajedrecista. Con el tiempo conocí por el maestro Najdor, campeón argentino, que en 1962 había jugado con Ernesto y lo calificó de un ajedrecista de primera categoría. Najdorf declaró a un periódico de Buenos Aires que el Che Guevara tenía una biblioteca compuesta por más de 500 volúmenes sobre ajedrez. ¿cómo jugaba? era un jugador bastante fuerte. Prefería el juego agresivo y era sensible a los sacrificios, pero bien preparados; por lo que puedo ubicarlo en primera categoría"... (Ernesto Guevara Lynch, La Habana 1982) De Alta Gracia a Córdova ..."En1943, tras algunas tribulaciones infructuosas para acercarse a Córdoba sin instalarse allí por completo, la familia Guevara decide cambiar de casa por las buenas, enésima migración y se instala en plena ciudad. Primero porque el ir y volver cotidiano de Alta Gracia fatiga a Ernesto, luego porque ya le toca a la menor, Celia, pasar a secundaria, finalmente porque la madre espera un quinto hijo (Juan Martín) y Don Ernesto encontró el modo de trabajar asociado con un arquitecto de la capital provinciana. La casa de Córdoba, calle Chile, 288 donde vivirán cinco años será célebre en el folclore familiar, como la famosa Villa Nidia, de Alta Gracia" ... (Pierre Kalfon, París 1997) Testimonios y Recuerdos Che Guevara: Historias inéditas de su infancia Sucedió en Alta Gracia, sierras de Córdoba, en el corazón de la República Argentina. Corre el mes de setiembre de 1939. Ernesto, el hijo mayor del matrimonio Guevara-de la Serna, tiene cumplidos 11 años, 9 de ellos signados por el asma, enfermedad que le acompañó en sus pasos por la vida y que sòlo a ratos establece tregua por el clima seco de la región, su naturaleza fértil, montañas retadoras, saltos de agua, campos abiertos para la practica deportiva... Alta Gracia concedió al niño de esta historia, la posibilidad de vivir como otros chicos de su edad, y en opinión de su padre ,jamás le acomplejó su dolencia respiratoria, creció entre ejercicios, estudios y juegos, y forjó su carácter en la fragua social de aquel paraje donde los más pobres, fueron sus amigos. Ernesto, vive en Villa Nidia, una casona colonial que se observa en la parte alta de esta ciudad; posee sala-comedor tres dormitorios, áreas para el servicio doméstico compuesto por Sara, María y Rosario; cocina de época y hábitat para estudio de Don Ernesto. Árboles patriarcales regidos por un pino robusto, tributan sombra y abanican brisa en ésta típica vivienda a la que circunda campo suficiente para juegos de los muchachos. En el dormitorio del hijo mayor reposa sobre la cama ,un tablero de ajedrez. Disputa una partida con su padre, quien no oculta la satisfacción de haber iniciado a Ernesto en la afición a este antiguo juego llegado de Persia y con el cuál se ejercitan los más grandes estrategas. Se enfurece cuando pierde, acota el maestro. Comenta: "_ ¿Sabés Ernesto? hoy para orgullo de todos los argentinos, participa en la olimpiada mundial de ajedrez en Buenos Aires, el campeón sin corona, José Raúl Capablanca, de Cuba. ¡Es un cubano el más grande ajedrecista del planeta!." Cuentan que 24 años después, en La Habana, cuando ya aquel niño asmático de las Sierras de Alta Gracia, era hombre, convertido en sueño y verdad de la juventud de América, cargado de historia, pensamiento, pureza y voluntad,asistió en La Habana a la inauguración del " Torneo Internacional Capablanca In Memoriam". Fue el discreto y respetuoso homenaje del Ministro de Industrias dirigente político y guerrillero heroico, al genio del juego ciencia, su ídolo , cuyo nombre escuchó mencionar por primera vez, aquel día de setiembre, de 1939. II ¿Porqué Alta Gracia en la vida del matrimonio Guevara de La Serna? La historia se remonta a noviembre, de 1927, tras la boda y luna de miel en la lejana Misiones, provincia distante 1800 Km. al norte de Buenos Aires, por el Río Paraná, fronteriza con Paraguay y Brasil. En Misiones, Guevara Lynch es dueño de tierras donde cultiva yerba mate, "el oro verde"y según se ha escrito "vivía poseído de la fiebre yerbatera,"Allà fue con su joven esposa Celia de La Serna, heredera de una hacienda agrícolo- ganadera; ella tenía 21 años, él 26, ambos pertenecían a la alta sociedad de Buenos Aires. La luna de miel duró poco, Celia, embarazada, advirtió el grito de su sangre en forma de niño y el reclamo por asomar el rostro al mundo. Decidieron volver a la civilización para que el parto "se produjera en un ambiente más cómodo y seguro". El joven matrimonio viajó río abajo en un barco hasta Rosario, ciudad portuaria de 300,000 habitantes, que se ubica a unos 300 Km de la capital Argentina. Aquí nació Ernesto Guevara de La Serna, en la madrugada del 14 de junio, de 1928. Actuaron como testigos para la inscripción del niño, Raúl Lynch, primo de Don Ernesto y José Beltrán, taxista brasilero. El pequeño enfermó y en auxilio de la joven madre, acude su suegra Ana Lynch y sus hijas Ercilia y Beatriz. Al restablecerse dos meses después regresan a Buenos Aires, para presentar a Ernestito a los familiares de sus padres, opuestos a aquel noviazgo y matrimonio, allí el primogénito fue bautizado y es su padrino Pedro León Echague, amigo de la familia. De Buenos Aires, nuevamente a las selvas de Misiones. En 1929, Celia quedó embarazada, y Don Ernesto decide el regreso definitivo a la capital, donde su esposa alumbró una niña a quien bautizaron con el nombre de la madre; por entonces vivían en un chalet ubicado en el terreno de una gran quinta colonial propiedad de su cuñada "a una distancia cómoda del astillero de Don Ernesto, al borde de la quiebra en el suburbio residencial de San Isidro" . La economía de Ernesto y Celia se deprimía cada vez màs y para colmo ,el astillero fue pasto de las llamas en un incendio sospechoso. Dicen que no estaba protegido por el seguro. Un ventoso y frìo día de mayo, año 1930, Celia llevó a su hijo Ernesto de dos años a nadar en el Club Náutico. Esa noche el niño tuvo su primer ataque de tos y el médico diagnosticó bronquitis asmática. La familia comprendió que el primogénito había contraído una enfermedad crónica que lo afectaría el resto de su vida y alteraría irrevocablemente la de sus padres. En mayo de 1931, nació Roberto. Al crecer la familia, deciden tiempo después viajar a Córdoba, distante 700 Km. de Buenos Aires. La ciudad capital es famosa por su cultura (tiene una de las universidades más antiguas del continente,fundada en 1613) y las sierras, aportan un clima seco que los médicos recomiendan a la familia cuando piensan en Ernesto y su asma rebelde Se alojan en un hotel con ventanas abiertas a la Plaza San Martín. El niño de casi 5 años no mejora, tampoco la economía del padre, por ello renta una casa de alquiler noble en Argüello, pueblo de campo, cercano a la ciudad capital de provincia. Se mantiene un El cuadro se mantiene idéntico en la salud de Ernesto y es cuando por sugerencias de un especialista amigo, Dr. Jorge Ferrer, ordenan las maletas y parten hacia Alta Gracia. III Fue en esa ciudad, en la primavera del año 2001, donde conocí a viejos amigos de Ernesto Guevara, niños en aquella época a quienes pedí contaran historias inéditas y junto a ellos recorrimos barrios bajos y altos, el de los ricos y los pobres, mineros, ferroviarios, peones, gente muy humilde, compañeros de Ernesto Guevara -de La Serna. Me alegró conocer y besar la frente de Doña Elba Rossi, ya en el pórtico de la centuria. Elba precisa que ella no fue la primera maestra del Che Guevara, fue su propia madre Doña Celia, quien inició al niño en el mundo de las lecturas, las mejores y le enseñó la práctica de otro idioma, francés. Doña Elba murió en los días de mayo del 2002. Benita Roldan fue también maestra de Che, en la escuela Santiago de Liniers, y según Don Vidoza, uno de sus condiscípulos, era muy bella, "y usted no imagina cuantas maravillas hacíamos con un espejo que llevó Ernesto al aula, y que colocado en una posición ideal se reflejaban las piernas de aquella hermosa mujer" Vidoza recuerda a Don Oviedo Celaya, esposo de Elba, austero maestro, de sexto grado. "Un día preguntó cuál de nosotros conocía algo de la Revolución francesa, nadie levantó la mano y entonces Ernesto lo hizo, pasó al frente, junto a Dn' Oviedo y muy sereno dio una clase sobre el tema que nos dejó asombrados. Habló como si fuera el maestro y apenas tenía unos siete u ocho años." Y conozco a Rosario González, Doña Charito, allá en el barrio sur, nodriza y cocinera del Che, Sara Echenique y María Martínez que formaban parte de la casa Guevara -de la Serna, ya no viven, Rosario acaricia su año 86 y dice que recuerda a Ernesto como si lo viera hoy, y prodigando elogios a Celia, "que era una dulzura, una mujer tan amorosa, delicada y muy generosa. Gracias a la patrona los chicos pobres de Alta Gracia comenzaron a alimentarse con leche fresca en las escuelas, que Doña Celia pagaba." ¿Y de los hermanitos, Rosario? - "Ernestito era el más delicado de salud, por eso me apegué tanto a él, como él a mí, porque era el que más cuidado necesitaba, más cariño y compañía. Era un amor de chico" Rosario cuenta que el Che le enseñó a ser solidaria, " "Si estaba comiendo un pedacito de pan y venía un chico, lo compartía con él. Un día, jugaba fútbol con otros chicos y veo que regresa a la casa muy serio, y entra a su dormitorio, busca un pantalón y sale con él, yo le pregunté ¿vos donde vas con ese pantalón? contá con tu madre, y él respondió es para el "Negro" que tiene su pantalón roto y no puede jugar y además porqué yo voy a tener 10 pantalones y mi amigo ninguno, sus padres no tienen dinero, si los míos con tanta plata no pueden curar mi asma. Recuerda Rosario que conversaba horas con el niño y con apenas 6 o 7 años, era el primero que leía el diario y un día le dije: ¿ porqué no me enseñás a leer? Y él me respondió: un día de estos. " Esta casa siempre estaba llena de chicos y comían aquí, es como si lo estuviera viendo a Don Ernesto con las manos en la cintura: "¡ah, que le parece Rosario, barato me van a salir los amigos de mis hijos!" y sonreía y mis ojos se humedecían por la emoción." IV. En Alta Gracia asistí al primer aniversario de su designación como Patrimonio Cultural de la Humanidad, sabia decisión de la UNESCO y aprecié el trabajo para la apertura del Museo Che Guevara, en Villa Nidia, en la calle nº 501 en el barrio Carlos Pellegrini. Cuando abra sus puertas mostrará al visitante fotos, documentos, libros y material bibliográfico y otros testimonios históricos pertenecientes al Guerrillero Heroico. Recorrí las mansiones Jesuitas y del Virrey Liniers, la Iglesia Mayor, el Dique de los Molinos, las escuelas San Martín y Santiago de Liniers donde estudiaron en sesiones matutina y vespertina, Ernesto, Celia, Roberto y Ana María, me detuve frente al chalet Los Espinillos, donde vivió durante su exilio, el virtuoso músico y compositor español Manuel de Falla, autor de la inmortal Danza del Fuego y padre político del malogrado poeta Federico García Lorca. Conocí por referencias e impacto visual, las edificaciones del Hotel La Gruta, primer alojamiento de la familia Guevara de La Serna, quienes después vivieron en el Sierras Hotel, chalet de Fuentes, Villas Beatriz, Chichita y Nidia, siendo ésta última la que marcó un alto en la rotación de inmuebles, regida por principios económicos. Y fue en Alta Gracia donde admiré el testimonio de otro amigo del Che Guevara, uno de los niños más humildes de esta estancia Jesuítica, en su adultez, músico y gente de letras. Presento a Daniel Moyano para que cuente a ustedes pasajes históricos de su infancia, y de su amistad con Ernesto Guevara de la Serna. " Por los años 42 o 43 en Alta Gracia mi primo y yo íbamos todos los jueves a la Plaza Manuel Solares a la hora de la retreta, para vengarnos de que no nos dejaban estudiar música que era nuestra vocación. Aquella acción consistía en llegar de súbito a las espaldas de Ocampo, el director, justo cuando éste levantaba la batuta para atacar la primera pieza del concierto y emitir a dúo, lo más fuerte posible una serie de sonidos extraños, ante el escándalo de las viejas que tejían en los bancos cerca de la pérgola y del propio maestro, que se agarraba los pocos pelos que tenía y nos insultaba en voz baja pero concentradamente. Nosotros seguíamos con nuestra manera de hacer música, en este caso de percusión, a voluntad, tragando aire primero y soltándolo luego con distintas aberturas de boca, regulando intensidad y altura según nuestras intenciones. Un poco más arriba, y cerca del Sierras Hotel vivían los padres de un compañero de colegio, físicamente muy ágil, que se llamaba Ernesto y era asmático y más o menos siguiendo la misma dirección pero hacia la izquierda, en un chalet que se llamaba Los Espinillos, un viejo cascarrabias, flaco y calvo, que se pasaba los días y las noches componiendo música. La misma que nos negaban a nosotros por no tener piano, por ser muy pobres o malditos, que se yo, el hecho es que cuando aparecimos por el Conservatorio y nos vieron la pinta una mujer alta y barbuda levantó un dedo índice que por las palabras acompañantes señalaban la puerta de la calle. Y en esa vida a los saltos y ese andar siempre por las orillas comenzó el curso de solfeo para entrar en la banda municipal, pero tuvimos que dejar porque no alcanzaban los instrumentos donados por el círculo de damas. Parece que mi primo y yo le caímos bien a Ernesto, que una vez nos invitó a su casa, enorme y hermosa, en lo alto del pueblo, a tomar el té como si fuéramos niños educados, había oído hablar de nuestras travesuras con el maestro Ocampo y nos pidió una demostración vocal. Pero no nos animamos porque teníamos vergüenza de su padre, que se llamaba Ernesto como él, y respeto por su madre, Doña Celia que instituyó en nuestras escuelas la merienda y leche para todos sin discriminación. Te cuento para que lo escribas, que la última vez que vimos a Ernesto fue aquel verano que junto a mi primo planeamos apropiarnos de los duraznos en el chalet del viejo músico. Había un duraznero en su jardín, de esos duraznos blancos y tan dulces que cuando maduran son rosáceos por fuera pero por dentro enteramente blancos y jugosos. Sabíamos a que horas el viejo componía y a qué hora dormía la siesta, y a qué hora una mujer que lo cuidaba y que era su hermana se recostaba en un sillón a cabecear unos minutos. Serían como las dos de la tarde cuando nos reunimos. Ibamos los tres subiendo la cuesta, oyendo los sonidos de la siesta en el monte, mejor dicho, ese silencio donde solamente se oye el canto de las torcazas que viene de muy lejos, como del otro lado de la Sierra. _ Che _, dijo de pronto Ernesto, cómo es ese asunto de los sonidos extraños que semejan el maullido de gatos y el aullido de lobos. En cuanto empezamos a probar, que era como afinar, Ernesto soltó una carcajada. Dominábamos tanto esa forma, tan válida como cualquier otra, pienso yo, de emitir sonidos, que eran prácticamente nuestras notas nuestras formas de cantar. Teníamos a medio ensayar un duetto precioso, donde una de las voces intentaba ser una melodía y la otra hacía un acompañamiento de pura percusión. Justo cuando estabamos empezándolo, el chalet del viejo se nos apareció de golpe, al fondo una ventana alta, en primer plano los duraznos a punto de descolgarse de la rama, de tanto que los había madurado el sol. Tendimos el oído a ver si como siempre estaba sonando el piano, pero nada, el viejo seguramente dormía. Nos metimos las puntas de las camisas dentro de los pantalones, embolsándolas un poco para guardar allí el producto de la expropiación y saltamos la verja. Cortábamos y guardábamos, pero al mismo tiempo comíamos. Pronto desaparecieron los de abajo y hubo que trepar, Che, dijo Ernesto no suban todos a la vez que el árbol es muy débil y ordenó en voz baja, parece que viejo se está levantando, pero yo ni me moví, mirando el ejemplar de allá arriba, el más grande de todos, enorme, más que un durazno era un faisán, un melón lleno de miel. Ernesto, mi primo y yo empezamos a sacudir el árbol hasta conseguir el balanceo violento capaz de producir el desprendimiento de la fruta. Caían hojas y pequeñas ramas, duraznos medio secos que no habíamos visto o desechado y bichos cascarudos. La percepción del olor intenso de las hojas cortadas llegó junto con el ruido de la ventana que se abría, dando paso a esa cara espectral extraída del fondo de la siesta y a sus palabras: _ Niños lleváos la fruta pero no rompáis las ramas del árbol. Después de comer sólo los muy maduros, guardar los que estaban a punto y tirar al río los muy verdes mi primo y yo quisimos hacer el reparto. Ernesto dijo que si él llegaba con duraznos a la casa tendría que dar explicaciones muy serias, de modo que nos cedió su parte. Nuestros padres y tíos se alegrarían de que lleváramos comestibles y más que ellos nuestros hermanos y primos más pequeños. Al atardecer estabamos sentados en el murallón del Tajamar, enfrente de la casa del Virrey Liniers. Ernesto dijo: _ Al final no cantaron el dúo. ¿Cómo era?. Bueno, cantar es un decir. Lo nuestro es más bien un juego o una burla. _ Eso no importa Daniel, canten. Afinamos otra vez, creo que afinar era lo más gracioso, con las caras que poníamos imitando al maestro Ocampo pero no cantamos el dúo, pues dejándonos llevar por la afinación que nos salió perfecta brotaron unas especies de modulaciones mozartianas suavísimas y dulces como los duraznos blancos, y Ernesto amigo mío no paró de reír y reír. Dicen que el viejo de los duraznos era español. Había tenido que huir de su tierra, pero como no se resignaba a vivir fuera de ella, tenia dos relojes, uno para la hora de acá otro para la de allá, a los que daba cuerda todas las noches a fin de que no se le paralizara su patria lejana ni tampoco esta que le habían prestado. Lo más importante era no perder la diferencia horaria, para que, aunque muy a la distancia, el país que dejó se mantuviera presente en el tiempo de todos los días. Y parece que alguien que ignoraba la importancia de ese rito llegó un día a la casa y sin que nadie se diera cuenta, puso los relojes en la misma hora, y dicen que en ese mismo momento, el viejo se despidió para siempre de la música de Alta Gracia y de su tierra, porque pocos días después encerrado en una caja oscura lo llevaron por el mar hasta su tierra donde duerme todos los silencios musicales juntos. Mi primo y yo y otros chicos que ya tocaban en la banda, Ernesto, que entonces vivía en Córdoba, merodeábamos por la casa el día de la muerte del viejo, pensando que si en vez de robarle los duraznos le hubiésemos pedido que nos enseñase un poco de música, acaso él hubiese aceptado. Y nos entraba la lástima y teníamos remordimientos. ... El viejo se me apareció de golpe años después en su tierra. Yo llevaba un tiempo en España y una tarde estaba tomando tranquilamente una cerveza cuando en eso pago y me dan el vuelto y lo veo aparecer flaco y calvo como siempre, enmarcado por el contorno de un billete de cien pesetas, que hacía las veces de aquella ventana de su casa en Alta Gracia donde se asomó para decirnos que no le rompiéramos las ramas de su árbol. Y con nuestro cómplice en el robo de las frutas me reencontré después de mucha vida. El encuentro tuvo lugar en las páginas de un semanario, en una fotografía captada durante una nevada en Alta Gracia, que mi memoria retenía, la revista, en un número super extra publicaba aquella fotografía para ilustrar la infancia del que yacía en la foto de la portada, rematado a tiros en un pueblo boliviano llamado, Ñancaguazú, Valle Grande. Se me saltaron las lágrimas al ver en que estado había quedado el niño que yo conocí, mi amigo que jamás me discriminó porque era pobre. Para atenuarlas, recordando aquella vieja y mala costumbre emití un agudo modulado, mozartiano, como quien intenta provocarle una sonrisa." V. Don Ernesto Guevara Lynch, recuerda que su hijo, el primogénito, héroe de esta historia "vivió en Alta Gracia desde los cinco años hasta los dieciséis, allí transcurrió toda su niñez y adolescencia, tuvo la oportunidad de convivir con la clase obrera que era muy pobre y vivir entre los ricos. La enseñanza no la echó en saco roto. En Alta Gracia aprendió lo que era la miseria y la injusticia social, recuerdo a una familia, compuesta por seis chicos, compañeros de juegos de Ernesto, el padre y la madre, que vivían todos en una misma pieza y una sola cama, como abrigo sólo tenían unos cuantos trapos viejos y papeles de periódicos. Es entonces cuando posiblemente nació en Ernesto, aquella rebelión que nunca lo abandonó, contra la clase social que explotaba y oprimía a la clase obrera". Estas reflexiones de Guevara Lynch publicadas en su libro "Mi hijo el Che" cierran con un comentario: "Aquellos chicos, amigos de mi hijo, hoy son hombres y sé que ellos recuerdan con gran cariño todos estos episodios sucedidos años atrás y que hoy pese a la distancia en el tiempo, siguen considerándose amigos; aunque muy pocas veces se hayan vuelto a ver. Ariel Vidoza por ejemplo, íntimo amigo de Ernesto, actualmente es profesor de Golf en Buenos Aires, otros han ido desperdigándose en la provincia de Córdoba. Estoy seguro de que ninguno habrá olvidado aquellos tiempos de Alta Gracia ." 02/04/2005 18:11 Hay 1 comentario. |
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