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A propósito

ABANDERADO EL EQUIPO VILLA CLARA DE BÉISBOL

ABANDERADO EL EQUIPO  VILLA CLARA DE BÉISBOL

 

Foto: Manuel de Feria, tomada de Vanguardia

 

El miembro del Comité Central del Partido y su Primer Secretario en Villa Clara, Julio Lima Corzo, abanderó en la noche de ayer al equipo naranja, actual campeón nacional de la pelota cubana.  Lima felicitó a los atletas y reconoció a sus familiares por el sacrificio que tienen que hacer para que ellos puedan jugar sin mayores preocupaciones.

 El miembro del Comité Central del Partido y su Primer Secretario en Villa Clara, Julio Lima Corzo, abanderó en la noche de ayer al equipo naranja, actual campeón nacional de la pelota cubana, que saldrá a tratar de revalidar su título en la próxima campaña que se iniciará el domingo 3 de noviembre, con juegos en ocho estadios del país, y con la inauguración oficial aquí en el parque "Augusto César Sandino" de esta ciudad de Santa Clara.

En la solemne actividad, efectuada en el mausoleo de los mártires del Frente de Las Villas, en la Plaza de la Revolución Comandante Ernesto Che Guevara, el máximo dirigente del Partido en el territorio, acompañado de Alberto López Díaz, Vicepresidente del Gobierno Provincial, le entregó la bandera naranja con el clásico logotipo del central azucarero que acompañará al equipo durante todo el venidero campeonato al manager Ramón Moré, quien estuvo escoltado por los destacados peloteros Ramón Lunar y Yeniet Pérez, quienes recibieron respectivamente un bate y una pelota diseñados para la ocasión, como muestra palpable de que los peloteros villaclareños están listos para comenzar el gran compromiso de la 53 Serie Nacional..

El acto de abanderamiento del equipo Villa Clara de béisbol a la próxima temporada 2013-2014 lo iniciaron Ariel Borrero y Freddy Asiel Álvarez depositando una ofrenda floral a nombre de todos sus compañeros junto a la llama eterna que ilumina y rinde tributo permanente a los mártires del Frente de Las Villas, donde seguidamente se dejó escuchar nuestro Himno Nacional y el estreno de la canción "No más oscuridad", interpretada por el dúo villaclareño "Blanco y Negro", que más tarde, en el propio desarrollo del acto, también cantó el tema titulado "Che".

El Comité Provincial del Partido aprovechó la ocasión y reconoció muy merecidamente a un nutrido grupo de glorias del béisbol que durante diferentes etapas de nuestras Series Nacionales le han dado grandes triunfos y muchas alegrías a nuestro pueblo trabajador, entregándole a cada uno de esos ex-atletas un bonito cuadro con la fotografía de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, empuñando un bate en el cajón de bateo cuando inauguró la primera Serie Nacional en el estadio Latinoamericano luego del triunfo de la  Revolución.

Los galardonados en esta ocasión por el Comité Provincial del Partido fueron Alberto Martínez, René Peña, Dagoberto Martínez, Oscar Machado, Eliecer Montes de Oca, Luis Borroto, Eduardo Paret, Silvio Montejo, Aquino Abreu, José Ramón León, Emilio Madrazo, Leonel García, Enrique Oduardo, Carlos Gálvez y Reynado Santana, así como el árbitro Luis César Valdés.

La Secretaria General de la CTC en Villa Clara, María Consuelo Baeza Martín, le entregó al equipo naranja, el más estable de la pelota cubana en los últimos años, el sello 70 aniversario de la Central de Trabajadores de Cuba, galardón que recibió a nombre de todos sus compañeros el receptor Yulexis la Rosa; mientras que el Compomiso de los atletas fue leído por el pitcher Alain Sánchez, uno de los principales abridores del conjunto villaclareño, y delegado directo al próximo Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Ecuador en el venidero mes de diciembre.

 

Los atletas de Villa Clara también firmaron sus compromisos en un amplio mural que mantendran en su club-house, y que tiene como imagen de fondo un terreno de béisbol.

 

Las palabras centrales de esta ceremonia de abanderamiento del equipo Villa Clara de béisbol a la próxima Serie Nacional fueron pronunciadas por el Primer Secretario del Partido en la provincia, y miembro del Comité Central Julio Lima Corzo, quien destacó la sencillez y humildad de todos los atletas que integran ese equipo, así como del propio director Ramón Moré, enfatizando en el prestigio y respeto que inspiran los actuales campeones nacionales, no solo en el territorio villaclareño, sino también, en otras muchas partes del país, donde el pueblo habla y se refiere a los jugadores naranjas con muchas muestras de cariño, alegría y reconocimiento por lo que históricamente han hecho en el béisbol cubano.

Julio Lima Corzo también felicitó a los actuales titulares de la pelota nacional y reconoció a sus familiares por el sacrificio que tienen que hacer para que ellos puedan jugar sin mayores preocupaciones, y exhortó a todos los atletas y directivos del equipo a mantener la unidad, la disciplina y la consagración en cada salida al terreno, porque solo así, se podrá tratar de revalidar la corona recientemente conquistada en la pasada campaña.

31 Octubre 2013

Fuente; Emisora CMHW.

Los principales diarios y medios cubanos, la radio y la TV, resaltan hoy el apoyo de la comunidad internacional a la resolución que condena el bloqueo económico, financiero y comercial de Estados Unidos contra la isla.


El periódico Granma, principal diario del país, destacó en la portada el absoluto aislamiento y descrédito mundial que evidenció tener el cerco contra Cuba, el cual fue condenado ayer en la ONU por 188 países.

Además, el rotativo recordó que la mayor de las Antillas es el único destino en el planeta prohibido a los viajes de los ciudadanos estadounidenses y calificó esta política hostil como un acto inculto que impide el libre movimiento de personas, información, ideas y vínculos.

Por su parte, el periódico Juventud Rebelde recordó que esta es la 22 ocasión en que se somete a votación esta iniciativa en la Asamblea General y siempre el foro ha sancionado el bloqueo.

El Portal de la Radio Cubana y los sitios web de las emisoras de la Isla también reflejan el categórico rechazo al bloqueo de EE.UU. en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Esta vez solo Estados Unidos e Israel votaron en contra, mientras que Palau, Islas Marshal y Micronesia se abstuvieron.

Desde 1992 -cuando se realizó la primera discusión del proyecto de resolución- Cuba ha recibido el respaldo de la comunidad internacional.

Según datos recientes brindados por la cancillería cubana, el bloqueo ha ocasionado a la isla daños económicos superiores al billón 157 mil 327 millones de dólares./  (Con información de Prensa Latina)

 

¡Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!

CON EL MISMO dolor y la misma decisión de luchar y vencer, nuestro pueblo evocará mañana, como lo hará eternamente, a los entrañables hermanos caídos en el monstruoso crimen de Barbados.

El 6 de octubre de 1976, un avión de Cubana de Aviación con 73 personas a bordo estalló en pleno vuelo, pocos minutos después de haber despegado del aeropuerto de Bridgetown, capital de Barbados, en su viaje de regreso a La Habana, procedente de Guyana.

En el aparato de Cubana viajaban 57 abnegados y ejemplares hijos de nuestro pueblo, entre ellos, dos tripulaciones completas de nuestra empresa aérea, con una brillante hoja de servicios, los integrantes del equipo juvenil de esgrima, que regresaban a la patria eufóricos y cargados de medallas, después de ganar todos los primeros lugares en el Campeonato Centroamericano y del Caribe, trabajadores de la pesca y otros valiosos compañeros. Junto a ellos, volaban 11 ciudadanos guyaneses, parte de los cuales eran jóvenes que se dirigían a comenzar los estudios de medicina en nuestras universidades, y cinco funcionarios de la República Popular Democrática de Corea.

Todos quedaron sin vida en pocos minutos de agonía y desesperación. No hay ni habrá palabras capaces de describir la inconcebible crueldad de aquel hecho.

¿Cómo narrar los minutos finales de estas 73 personas indefensas, encerradas en una nave a miles de pies de altura, sobre el mar, que en forma tan inesperada y cobarde se vieron heridas por la violenta explosión, abrasadas por las llamas, ahogadas por los gases y precipitadas sin salvación posible a una muerte espantosa?

¿Cómo narrar la entereza de ánimo y el heroísmo de los pilotos, que aun en esas terribles circunstancias hicieron un esfuerzo sobrehumano por conducir el avión a tierra?

La destrucción del avión cubano fue obra de grupos terroristas, como parte de una campaña de amenazas, ataques y asesinatos de funcionarios cubanos, que abarcó numerosos países del área del Caribe, Argentina, Estados Unidos y Portugal. Es conocido que estos elementos contaban con bases en diversos lugares de Estados Unidos y los países de la cuenca del Caribe, así como con agentes locales y vinculaciones para llevar a cabo sus fechorías.

En pocos días se supo que había sido un acto de sabotaje, se conoció quiénes fueron sus autores materiales e intelectuales y cómo detrás de ellos, alentándolos y pagándolos, estuvo la CIA. Todo el mundo sabe que los principales responsables del crimen, los asesinos Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, han gozado de total impunidad por el gobierno de los Estados Unidos.

Nunca antes se había puesto de manifiesto de forma tan clara a qué abominables y siniestros actos de terrorismo era capaz de llegar la CIA en sus propósitos de frenar y aplastar la lucha de los pueblos por su independencia, liberación nacional y progreso social.

Muchas han sido las agresiones, como el bandidismo, como la invasión de Girón, la guerra económica, bacteriológica, sabotajes, atentados y crímenes tan horrendos como el de Barbados, pero no han podido ni podrán jamás matar las ideas por la libertad, la justicia y el honor que guían la lucha del pueblo cubano, y mucho menos detener la lucha patriótica e independentista de la Revolución cubana.

Al planificar y ejecutar el asesinato de los tripulantes y pasajeros del avión de Cubana los imperialistas yanquis pretendieron atemorizar a nuestro pueblo.

Pero la Patria revolucionaria y nuestras ideas revolucionarias, como ha dicho Fidel, no morirán jamás, porque las hemos forjado, las hemos defendido y las defenderemos con nuestras vidas.

Ese es el mejor monumento que erigimos a los que cayeron en Barbados y a todas las víctimas del terrorismo de Estado practicado por el gobierno de los Estados Unidos contra nuestra nación, a quienes rendimos homenaje en la fecha del 6 de octubre.

Hoy, en la inmensidad del recuerdo, vemos aquellos 57 cubanos asesinados en Barbados como luces serenas y firmes y ciertamente los lloramos una vez más, pero como dijo Fidel en la Plaza de la Revolución durante la despedida de los pocos restos encontrados de nuestros hermanos caídos: ¡Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!

 

1959 - Desaparición del Comandante Camilo Cienfuegos

1959 - Desaparición del Comandante Camilo Cienfuegos

 

Este día, en vuelo de regreso de Camagüey a La Habana en una avioneta bimotor, Camilo Cienfuegos desapareció en medio de una tormenta. "En el pueblo -dijo Fidel al confirmar su pérdida definitiva después de dos semanas de incesante búsqueda- hay muchos Camilos". "Y Camilo seguirá viviendo en otros hombres como él, seguirá viviendo en los hombres que se inspiren en él. Porque lo único que nosotros podemos pedirle a nuestro pueblo es que, cada vez que la patria se encuentre en una situación difícil, en un momento de peligro, se acuerde de Camilo y cada vez que nuestros compatriotas vean que el camino es largo y difícil se acuerden de Camilo, de lo que hizo, de cómo nunca perdió la fe en los instantes más difíciles y cómo supo hacer grandes proezas".

 

 

¿Crisis de valores en Cuba?, R. Fernández R.

¿Crisis de valores en Cuba?, R. Fernández R.

Roberto Fernández Retamar, destacado intelectual cubano (*)

 

En los últimos meses he leído en el periódico Granma más de una opinión de algunos lectores cuestionando, de manera absoluta, a la juventud cubana, a la que condenan con aquella vieja frase lapidaria, pronunciada desde que el mundo es mundo, y que la sentencia sin derecho a apelación: “La juventud está perdida”. Por supuesto, tampoco han faltado defensores a ultranza de las nuevas generaciones, los que también han generalizado; pero en sentido positivo; yendo al apologético extremo opuesto. Es decir, del muy muy, al tan tan. Ambos puntos de vista, llevados al absoluto, me parecen errados, pues tan peligrosa resulta la cuneta izquierda como la derecha. Sin embargo, respetando las opiniones y argumentos a favor y en contra, quisiera dar mi modesta opinión, y considero que, para abordar un tema tan complejo y espinoso, resulta necesario mirar la realidad objetivamente, tal cual es, sin adornarla ni denigrarla; sólo evaluarla sin apasionamientos innecesarios. Y, si de eso se trata, simplemente tendremos que aceptar que – por más que nos duela – nuestra sociedad –y no sólo su segmento más joven – se encuentra inmersa en medio de una profunda crisis de valores.

Pero, es necesario tener en cuenta también a la hora de opinar sobre este polémico tema, que los entendidos en las controvertidas ciencias de la axiología y la ética consideran, con toda la razón del mundo, que los valores cambian de una época a otra, a tono con el momento histórico de que se trate y los intereses generacionales, acordes éstos al nivel de desarrollo económico, político y social alcanzado por una sociedad dada, como parte de la evolución que sufre todo fenómeno. Pero no es nuestra intención introducirnos más de lo necesario en los enrevesados caminos de la filosofía, ni comentar los aspectos teóricos de la axiología y la ética, materias en las cuales, debo reconocerlo sin pudor, soy un ignorante.

Sólo intento, a la luz de mis escasos conocimientos sobre dichas materias y mis experiencias y observaciones personales a lo largo de cinco décadas, intentar una valoración crítica de tan escabroso tema en las condiciones de la sociedad cubana actual y, en consecuencia, tratar de dilucidar cuáles fueron las causas que, en su momento, incidieron negativamente hasta hundirnos en nuestra realidad de hoy, y los resultados que tal situación ha provocado; así como tratar de incursionar imaginariamente en el futuro para intentar un cálculo previsor de sus posibles consecuencias a mediano y largo plazo.

Con independencia de las diferencias que, a causa del cambio generacional y de época, debe producirse en la sociedad cubana de nuestros días, no es menos cierto que se aprecia a todas luces, en la mayoría de las personas menores de cincuenta años un evidente abandono de las buenas costumbres, las tradiciones, normas morales, de convivencia social y de respeto mutuo; un creciente y peligroso irrespeto al derecho ajeno, a la propiedad social, al cuidado del entorno, a las personas mayores; y un crecimiento inversamente proporcional de la chabacanería, las malas conductas sociales, el desapego al trabajo, la violación de la ley y el incremento de las maneras incorrectas; la falta de educación formal, el desconocimiento y la falta de interés por la Historia patria y la lengua materna, la cultura autóctona…

Tendencias que se incrementan en la medida en que sea mayor el universo que se estudie. Pero, sobre todo, llama la atención que este fenómeno ocurra, precisamente, en este gran segmento poblacional, integrado por diversos grupos sociales de diferentes generaciones, la mayor parte de ellas a estas alturas ya bien alejadas de la juventud y, por tanto, de los cambios generacionales antes mencionados; las que, sin embargo, tienen como denominador común haber nacido y crecido dentro de la Revolución. Asimismo, llama también la atención esa común actitud de marinero presa del pánico frente al inminente “sálvese quien pueda”: tirarlo todo por la borda y no buscarse problemas por nada, pues nada que no sea lo propio interesa ya a nadie.

Luego entonces, podríamos preguntarnos: ¿Cómo es posible semejante paradoja en un país con un gobierno que lo ha dado todo por su pueblo, particularmente en la educación, al cual se le considera modelo universal en ese terreno? Trataré de explicarlo desde mi punto de vista, a partir de la relación directa que le veo a esta problemática con la esencia de mis trabajos, anteriormente publicados en este mismo espacio, los que el lector habitual de este sitio debe conocer y tal vez recuerde.

No obstante lo antes dicho, considero que, para hablar de valores, resulta necesario, primeramente, definir, aunque sólo sea someramente, qué se entiende como tales. Veamos entonces a qué nos referimos: A pesar de que la mayoría de las personas con un nivel medio de desarrollo escolar y cultural tenemos una idea general acerca de los valores, no todas podemos explicar con claridad y acierto el significado de dicho vocablo en el terreno de la práctica social, y mucho menos acercarse siquiera a cómo el mismo es aceptado por los estudiosos de la filosofía. Incluso en la bibliografía especializada consultada para la elaboración del presente trabajo, no aparece una definición conceptual precisa y exacta de los valores. Por tanto tendremos que hacer un esfuerzo para tratar de conformarla a partir de su contenido y significado.

Pero, antes de continuar debemos dejar claro que, en este caso, cuando hablamos de valores, nos estamos refiriendo al conjunto de normas morales, tradiciones, costumbres, hábitos de conducta y respeto, establecidos firmemente como conceptos, convicciones y principios humanistas, políticos e ideológicos acerca de lo bueno, lo malo, lo moral, lo honesto, lo perfecto, lo útil, lo bello, lo permisible, lo legal, lo humano, lo patriótico, los deberes y derechos propios y ajenos. etc., que, al ser interiorizados a través de todo el proceso educativo que recibe el individuo de parte de la familia, el ambiente social en que vive, la escuela, la sociedad en su conjunto, acorde a la época histórica concreta en que le tocó vivir, los asume voluntariamente, como parte íntegra de su formación educacional y de la vida misma, los cuales llegan a convertirse en sólidas convicciones profundamente arraigadas en lo más íntimo del mundo interior del sujeto, al punto de que llegan a autorregular y regir su conducta, como un estereotipo dinámico que se convierte en un sistema de normas inviolables, las que el individuo se exige inconsciente e involuntariamente a sí mismo.

Para su mejor estudio, el filósofo cubano, Dr. José R. Fabelo Corzo, en su libro “Los valores y sus desafíos actuales”, divide los valores desde el punto de vista teórico, en tres grandes dimensiones. Son éstas el Sistema Objetivo de Valores, integrado por el conjunto de éstos que resultan tradicionales y de hecho son inmanentes a la sociedad de que se trate. Integran este sistema de valores, las normas morales, de conducta y respeto mutuo tradicionalmente aceptados por todos desde siempre a partir de la costumbre, los preceptos educativos y de solidaridad humana trasmitidos de generación en generación; los principios ideológicos y jurídicos; los conceptos humanistas, de solidaridad, justicia e igualdad sociales, etc. contenidos y practicados por la sociedad en su conjunto y que rigen su actuar cotidiano, acorde a valores universales que permiten y alimentan la vida en común de sus integrantes en cuestión, los cuales llegan a formar parte de los valores internos de cada sujeto, los que se retroalimentan espiritualmente de éstos a lo largo de sus vidas.

Complementan la anterior dimensión, el Sistema Subjetivo de Valores, el cual no es otra cosa que la manera en que esa significación objetiva de los valores contenidos en la sociedad misma se refleja e influye decisivamente en el mundo interior del sujeto, al que alimenta, y con el tiempo pasa a formar parte de su conciencia para regir la conducta de éste, acorde a los valores de toda la sociedad; y por último, el Sistema de Valores Instituidos, integrado por aquellos que expresan la ideología oficial y los intereses del estado, los cuales aparecen refrendados en leyes y están protegidos por el aparato jurídico y coercitivo el estado, que hace cumplir la voluntad política de la clase dominante erigida en ley, como bien definiera Carlos Marx en El Manifiesto Comunista, y en una sociedad que pretende construir el socialismo, deben corresponderse, además, con el Sistema Objetivo de Valores.

En ese tipo de sociedad, como es el caso de la nuestra, la que, a través de su sistema de educación y de justicia, se propone crear un modelo de individuo acorde a tales intereses, se supone que el Sistema Objetivo de valores esté sólidamente representado en el Sistema Subjetivo, el que sustenta la conducta de cada sujeto, la que, al mismo tiempo, se encuentre en concordancia con el Sistema Instituido de Valores que aplica y defiende el estado con fuerza de ley; pues, en este caso se sobreentiende que, al menos teóricamente, las personas hayan sido educadas y formadas bajo la influencia de ese Sistema Instituido de Valores para que piensen y actúen de la manera que la sociedad lo necesita, acorde a lo instituido por el estado para beneficio de todos, con el fin de lograr los altos propósitos de la edificación socialista.

Pero, ¿cómo se puede lograr la formación de tales valores espirituales en una sociedad como la nuestra, para que la conciencia de los ciudadanos regule voluntaria, automática y espontáneamente la conducta, y lograr que la misma resulte congruente con los intereses del resto de la sociedad y los del estado, de manera que con tal actuación el sujeto cumpla, al mismo tiempo, con la sociedad y consigo mismo?

La formación de los valores morales es un complejo proceso de influencias y condicionamientos psicológicos, sociológicos, pedagógicos, morales, educacionales, económicos y sociales en general que comienza con la vida misma y se extiende a todo lo largo de ésta, en el cual se vinculan íntimamente instituciones tan diversas como la familia, la comunidad, la escuela, el centro laboral, la sociedad en su conjunto y el estado, a través de todo su aparato administrativo, político y judicial, en las que se combinan diferentes métodos y procedimientos educativos, de estímulos e influencias que interactúan con el Sistema Nacional de Educación y con los textos de estudios. Entre estos métodos se destacan, ante todo: el ejemplo de actuación de todas aquellas personas que, de cualquier manera, y desde cualquier nivel y posición ejerzan –o pretendan ejercer – , la función de educadores; así como la crítica y el estímulo en cualesquiera de sus diversas manifestaciones, ambos ejercidos de manera justa, oportuna, adecuada y congruente.

Desde que el niño nace, comienza a recibir la influencia de los valores o antivalores que priman en el seno de la familia en la que le tocó vivir, los que poco a poco se entrelazarán con los de los amigos de la casa, los de la comunidad, la escuela, y los valores instituidos por el estado, que le llegarán a través de los medios de difusión masivos y en el respeto a las normas sociales y jurídicas trasmitidas por parte de los mayores; así como de la escuela, y la misma comunidad en que vive. Al respecto de este asunto, el Dr. Luís R. López Bombino en el libro “El saber ético de ayer a hoy”, recurre a una afirmación muy cierta del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, el que, por cierto, no fue nada progresista, ni su obra se destacó por lo educativa, todo lo contrario; pero en este caso le asiste toda la lógica y la razón, la cual reproduzco a continuación: “Predicar moral es fácil, fundar moral es lo difícil”, y abunda a continuación el filósofo cubano sobre un aspecto de singular importancia para nosotros, dadas las experiencias negativas que tenemos en la aplicación de tales prácticas, lo cual nos obliga a valorar el asunto hoy muy seriamente: “los valores, en general, y los morales en particular, no pueden ser inculcados. Éstos más bien se revelan y forjan a través de todo un proceso educativo”. Y continúa afirmando el cubano que “la inculcación de valores morales tiende a disminuir la capacidad de independencia individual y la valuación crítica de las múltiples cuestiones a las que hoy se enfrentan los seres humanos en el decursar de su vida cotidiana y profesional”

Luego entonces, los valores morales son el resultado de un largo proceso educativo y de influencias de diversas índoles, que nos llegan a través del medio familiar, la comunidad, la escuela, los maestros, las normas jurídicas, los órganos de justicia, el estado como tal y sus instituciones, así como de la sociedad en su conjunto, que llegan a formar parte, lenta, espontánea y voluntariamente, una vez convertidas en profundas convicciones, de la conciencia del sujeto, por lo que, una vez logrado este alto grado de concientización, los valores lentamente adquiridos llegan a condicionar, sin siquiera pensarlo ni proponérselo el individuo, la actuación del mismo, hasta autorregularla, acorde a la escala de valores morales que, para entonces, rigen su actuación cotidiana desde su mundo interior. O lo que es lo mismo, su escala de valores.

Ahora bien: Visto todo lo anterior se impone una pregunta: ¿Qué tiene que ver todo esto con la supuesta crisis de los valores en Cuba? A partir de aquí trataremos de explicarlo, según nuestra apreciación. La pérdida de valores morales en la sociedad cubana que, sin dudas, hoy reviste un carácter, además de generacional también progresivo, a mi juicio pudiera tener su origen más lejano y profundo en las consecuencias de la violación continuada del ya aludido en anteriores trabajos principio de distribución socialista: “De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”.

En la misma medida en que el pago se desvinculó de la cantidad y calidad de trabajo aportado por cada cual, el salario dejó de ser un estímulo para aumentar y perfeccionar la actividad laboral, conspirando asimismo contra la posibilidad del surgimiento de la nueva conciencia social, a partir de la identificación del obrero con los medios de producción que le posibilitarían la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales suyas y de su familia, en concordancia con los resultados de su trabajo, condiciones que él podría mejorar aun más perfeccionando su trabajo en calidad y cantidad, para hacer surgir la convicción de que esos medios de producción que le permitían la satisfacción de las necesidades siempre crecientes suyas y de su familia eran también suyos, y no sólo del estado, del cual forma parte inseparable; y esa manera de pensar de cada trabajador habría sido la que llegaría a posibilitar en el futuro la socialización de la producción y favorecer el surgimiento de la nueva forma de conciencia social, en el grado y medida en que se lograra ir creando la base económica del socialismo.

Pero la prolongada falta de satisfacción de las necesidades de la población, aumentadas por los rigores del interminable bloqueo económico, unido a los continuados errores en la dirección de la economía a nivel nacional, así como a las periódicas catástrofes naturales que en gran medida han ayudado siempre a enmascarar la responsabilidad de muchos por las malas decisiones económicas, así como las deficiencias en la educación, hizo que, poco a poco, la gente de las generaciones emergentes se fuera desentendiendo de aquel futuro luminoso prometido desde los tiempos de sus abuelos, y que nunca acababa de llegar y cada vez parecía estar más y más lejos, hasta convertirse para los jóvenes de hoy en una quimera en la cual creían menos cada día; pues al no ver solución a sus necesidades materiales de existencia, poco a poco dejaron de confiar en el discurso oficial y se desentendieron del mismo, poniendo en primer plano sus propios intereses individuales.

No olvidemos que la miseria material engendra, en la mayoría de los casos, miseria espiritual, mucho más cuando se trata de una sociedad en tránsito del capitalismo al socialismo, en la que, al no haberse creado aun la base económica del socialismo, tampoco ha surgido la forma de conciencia social correspondiente a la nueva sociedad, y la que prevalece es la vieja conciencia social capitalista, que las jóvenes generaciones reciben por carácter transitivo del ambiente social y familiar en el que nacen y se educan, el cual ejerce una influencia más poderosa y decisiva en los niños y adolescentes que la que les llega de la escuela, los medios de difusión masiva y todo el Sistema de Valores Instituidos en su conjunto, pues no debemos olvidar aquella afirmación marxista:”el hombre piensa como vive”, y durante el período de transición las personas continúan conviviendo dentro del capitalismo que comienza su largo y penoso proceso de extinción, que concluirá con el doloroso parto de la nueva sociedad, hija del decadente capitalismo, junto al cual tendrá que crecer y fortalecerse hasta llegar a sustituirlo, cuando haya tomado de éste lo mejor y pueda elevarlo a nuevas cualidades.

El resurgimiento del individualismo entre nuestras jóvenes generaciones, al cual hacíamos referencia al principio del párrafo anterior, también ha tenido mucho que ver con las deformaciones surgidas al calor del oportunismo y la corrupción que paulatinamente minaron a la sociedad cubana actual. El hecho de que aquellos que ostentan cargos de dirección, ya sea en el terreno político, económico o administrativo, y sus familiares, gocen de beneficios que a los demás están vedados, práctica que ha llegado a convertirse en una ley no escrita; pero de más estricto cumplimiento que la Constitución de la República, consagrando en la práctica los derechos a desigualdades y privilegios hereditarios, también ha condicionado una manera de pensar y de actuar en extremo pragmática, individualista, egoísta y oportunista en las generaciones emergentes que paulatinamente se han venido superponiendo durante estos cincuenta años, las que, a partir del mal ejemplo de actuación recibido de la sociedad durante toda su vida, han llegado a arraigar la convicción de que la única manera de satisfacer sus necesidades es poder llegar a ostentar un cargo importante, y para ello la mejor vía es la simulación, la adulación y la incondicionalidad a los jefes que pueden potenciarlos para ocupar tales puestos.

Unido a lo anterior, no podemos dejar de mencionar el papel que ha jugado la acción del bloqueo con su sarta de necesidades materiales y, aparejado a ello, la labor de zapa sobre la población cubana, desarrollada por la propaganda imperialista especializada, en particular los jóvenes, la que sin duda alguna ha aprovechado todos nuestros errores y desviaciones; la que no ha tenido un adecuado enfrentamiento por nuestra parte, pues, en primer lugar, generalmente los beneficiados con esa manera incorrecta de actuar, o lo que es lo mismo, los oportunistas y corruptos sembrados en los cargos de dirección desde los cuales lucran como señores en sus feudos, se han opuesto con todo su poder a quienes han tratado de impedir tales prácticas.

De tal manera, el trabajo político ideológico ha estado cada vez más plagado de dogmas, formalismos y rutinas, llegando a generalizarse la opinión y la práctica de que repetir el discurso oficial, las arengas y las consignas era lo idóneo para interiorizar las convicciones políticas e ideológicas y los valores morales en la población. Por otra parte, el trabajo cultural no parece haberse encaminado adecuadamente a salvar y regenerar lo propio como sustento cultural de nuestra identidad nacional, aceptando lo bueno de lo foráneo, pero haciendo prevalecer lo autóctono; sino que, lo peor de lo ajeno parece haber anidado en el interior de lo nuestro para convertirse, en muchos casos, en un nido de serpientes que se han alimentado, en gran medida, del espíritu de los relevos generacionales.

Al mismo tiempo, se ha incurrido en el error que advierte el Dr. López Bombino en la obra citada, al intentar por todos los medios y durante largo tiempo inculcar los valores morales a los jóvenes, con lo cual, lejos de lograr el propósito deseado, se ha matado la capacidad de independencia individual –es decir, la opinión propia – y la valoración crítica de la realidad circundante, condiciones que han abonado el terreno para la ya aludida simulación, además de la deshonestidad y el oportunismo como vías idóneas para alcanzar una posición ventajosa en la vida, que casi siempre conduce directamente a la corrupción.

Volviendo a las consecuencias de la violación del ya repetido principio de distribución socialista y a las supuestas ventajas ideológicas de la sustitución del estímulo material por el estímulo moral: en la misma medida en que las limitaciones impuestas por el bloqueo se incrementaron y las necesidades de la población fueron cada vez menos satisfechas, el discurso oficial y las consignas repetidas como dogmas, paulatinamente perdieron el valor, y la solución de los problemas personales con los recursos del centro de trabajo al pasar el tiempo se convirtió en la única solución posible, ya que no existe ninguna otra vía legal para que la población dé solución a la cadena de problemas pequeños y grandes que la agobian diariamente, práctica que poco a poco se transformó en una vía para resolver los problemas a jefes de diferentes niveles, sus familiares y amigos, hasta involucionar hacia el nepotismo y la corrupción.

Con ese mal ejemplo de actuación, tanto en la base como en las esferas intermedias y superiores, y la falta de exigencia y control sobre los recursos del estado, que cada vez interesan menos, pues la gente no se siente parte del mismo, se generalizó la costumbre de apropiarse de los medios del estado para resolver los antes aludidos problemas personales, con el consabido menoscabo de los valores en la conciencia de la masa laboral de todas las edades y sus descendientes, que aprendían del ejemplo cotidiano de sus padres. Este resquebrajamiento de la moral, al generalizarse en la sociedad, también erosionó la exigencia, el control y la aplicación de la legalidad y, en consecuencia, la disciplina laboral y social dejaron de ser materias importantes para la gente, pues ya venía en crisis desde los tiempos en los que se entronizó el paternalismo en toda Cuba, y la práctica cada vez más exagerada de las gratuidades y regalías como parte de la política utópica supuestamente dirigida a construir al mismo tiempo el socialismo y el comunismo, así como a formar el llamado hombre nuevo para el siglo XXI.

En la misma medida en que el salario no alcanzaba para satisfacer las necesidades, situación que se agravaba con la inflación que producía la baja productividad del trabajo, crecía el desinterés por el vínculo laboral con el estado, única opción para obtener un empleo legal, y aumentaba la tendencia, sobre todo en las personas jóvenes, a emplearse en los nacientes y cada vez más lucrativos sectores privados marginales, abastecidos básicamente con los productos sustraídos al estado; lo que generó una tendencia cada vez más creciente por obtener dinero fácil, en lo que se comprueba la consecuencia negativa de otro error cometido en los inicios de la Revolución, ya mencionado en mis trabajos anteriores, pero no por ello agotado el tema: me refiero a no habernos percatado a tiempo de la necesidad de mantener durante el período de tránsito del capitalismo al socialismo, junto a la estatalización de los medios fundamentales de producción, la pequeña y mediana propiedad privada, así como no haber desarrollado la propiedad cooperativa en todas las áreas de la economía nacional, todas ellas como vías transitorias entre la propiedad capitalista y la futura propiedad social socialista.

Por otra parte, ante la creciente falta de valor del dinero y la imposibilidad de satisfacer las necesidades propias y familiares con el salario, en las generaciones emergentes fue ganando terreno la tendencia a no estudiar carreras universitarias, pues las mismas no le garantizarían un salario decoroso. De esta manera, se debilitaron sectores tan importantes como la propia educación, pues casi nadie quería, ni quiere, ser maestro. Así, llegó el momento en que fue necesario reforzar dicho sector, por lo que entraron en el mismo muchísimas personas no idóneas, sin vocación, ni la adecuada formación ni el necesario nivel para ejercer la docencia, incapaces de formar valores en los niños y adolescentes a los cuales impartían clases, pues ellas mismas carecían de tales atributos morales.

Asimismo, la creciente falta de conciencia social y la pérdida de valores morales y político-ideológicos, ha ido generalizando la tendencia creciente en una parte cada vez mayor de los relevos generacionales a no buscarse problemas por nada que no les incumba personalmente, sobre todo en el orden económico, pues, según la creencia más extendida hoy, nadie puede resolverlos, ya que “esto no hay quien lo arregle”, dando lugar así a que se incremente el ya mencionado individualismo. Que cada cual resuelva sus problemas como pueda y a nadie le importa cómo lo hace; sin preocuparse por lo que no le incumba personalmente, sea legal o ilegal.

Frente a este fenómeno, el trabajo de las escuelas se ha hecho ineficaz, dada la ya aludida falta de profesionalidad de gran parte de los maestros. Y el supuesto trabajo ideológico en los centros de enseñanza y el que deberían realizar las organizaciones políticas y de masas en los barrios y comunidades se ha mostrado cada vez más formal, dogmático, esquemático, rutinario y vacío, incapaz de llegar a la conciencia de los jóvenes con razones convincentes, pues los valores que intentaron inculcarles a base de repetición en la escuela y a través de dichas organizaciones de masas y del discurso oficial, sencillamente no prendió en las conciencias, pues casi siempre quienes se los exigían no eran ejemplo de lo que profesaban y, por tanto, tales supuestos valores, hoy por hoy, no significan nada para casi nadie.

En la Cuba de hoy no es un secreto que estas deficiencias en las escuelas vienen produciéndose y acrecentándose desde hace décadas, cuando se entronizó la exigencia por la promoción en primer lugar, llegando a provocar notables pérdidas en la calidad de la educación, sobre todo en el terreno de la educación formal y estética, así como en la formación de sólidos valores morales, convicciones patrióticas y principios políticos e ideológicos, pues se descuidó durante años la enseñanza de importantes asignaturas estrechamente vinculadas con estos propósitos, tales como la lengua materna, la Historia de Cuba y el marxismo. Asimismo, se eliminaron desde el principio de la Revolución importantes asignaturas para la educación formal, como Moral y Cívica y Educación para el Hogar, por considerarlas innecesarias en la nueva escuela cubana.

Es lógico que en esta situación, sean las nuevas generaciones las que manifiesten la mayor pérdida de valores, pues no los tenían arraigados cuando se desvió el rumbo; además de que, por las razones antes dichas la calidad de la educación básica ha venido en decadencia, al mismo tiempo que la falta de interés por el trabajo y la exigencia se han hecho parte del modo de vida de la gente, mientras ha aumentado el interés por los empleos en sectores lucrativos y marginales de dudosa legalidad o franca ilegalidad, en concordancia con la creciente pérdida de valores morales en la gente.

Las deficiencias en la educación formal, ética, estética, cívica y patriótica, así como la cada vez más generalizada falta de exigencia y control en casi todos los sectores de la vida nacional, unido al individualismo que la falta de estimulación por el trabajo ha generado en múltiples generaciones cubanas de manera consecutiva, ha hecho que una enorme cantidad de familias, sobre todo en los sectores de la población con más bajos niveles educacionales y culturales, se hayan degradado en el orden moral, dando lugar a un alarmante incremento de conductas antisociales y delictivas, al mismo tiempo que se ha incrementado el irrespeto a las normas de convivencia social y jurídicas; a la propiedad social, al derecho ajeno, a las buenas costumbres, el abandono de las tradiciones y los valores históricos heredados de las generaciones anteriores, desde los inicios mismos de la nacionalidad cubana.

Sin duda alguna, ante ese desmoronamiento moral e ideológico crece la “influencia cultural” del enemigo, que no desaprovecha nuestros errores y debilidades para sembrar su semilla en la conciencia de la gente joven. Como dijera en un alarde metafórico John F. Kennedy, el asesinado Presidente de los EE.UU., en uno de sus discursos a principios en la década de los sesenta, cuando inauguró la lucha ideológica contra Cuba, después de la derrota de Girón: “Tenemos que encontrar las grietas en la Cortina de Hierro, para sembrar en ellas las semillas de la libertad.”

Tratando de dar respuesta a la pregunta formulada al principio, referente a qué tiene que ver todo lo dicho con la supuesta crisis de valores en Cuba, considero oportuno volver sobre lo planteado por el Dr. López Bombino en la obra “El saber ético de ayer a hoy”: “La inculcación de valores, morales en particular, tiende a disminuir la capacidad de independencia individual y la valuación crítica de las múltiples cuestiones a las que hoy se enfrentan los seres humanos en el decursar de su vida cotidiana y profesional.” En particular creo necesario detenernos de nuevo en el asunto de la inculcación de valores morales y sus consecuencias. Veamos cómo este error continúa presente entre nosotros, provocando la deformación de los mismos valores que se pretende formar: Durante décadas escuchamos repetir hasta el cansancio, por ejemplo, que la honestidad era un principio básico de la educación socialista, y el trabajo era un deber social.

Sin embargo, desde muy temprano, buena parte de las generaciones actualmente en edad laboral aprendieron que lo principal en la escuela –como ya dijimos anteriormente y disculpen la repetición- era aprobar, aunque para ello tuvieran que recurrir al fraude, pues lo que se le exigía a los centros educacionales era la promoción del alumnado a toda costa, no el conocimiento. Asimismo, hoy intentamos apelar a la conciencia de la población laboralmente activa (los jóvenes, por supuesto) para elevar la cantidad y calidad del trabajo. Es decir, la productividad. Pues lo más importante en cualquier lugar del mundo, no importa la época histórica ni el sistema social que impere, fue, es y será la producción de bienes de uso, consumo y servicios, sin la cual ninguna sociedad ha podido ni podrá jamás subsistir.

Pero ese llamado a la conciencia no va acompañado de la necesaria estimulación material, lo cual impide que el trabajo se convierta en la vía para que la gente pueda resolver sus problemas materiales. O sea, que el trabajo llegue a ser considerado por todos como la primera necesidad vital del ser humano. Por ello, las arengas encaminadas a lograr inculcar el amor al trabajo e incluirlo en la escala de valores de la masa laboral, resultan infructuosas, pues la mayoría de las personas a quienes éstas van encaminadas, no hace suya esa necesidad del estado, al cual consideran como un ente ajeno, amorfo e intangible, del cual no se sienten parte, pues no fueron educados desde pequeños en el amor al trabajo ni en el sentido de pertenencia a la sociedad como valores morales, sino que siempre se les trató de inculcar, y por tanto nunca lo interiorizaron. Además, la falta de estimulación económica acabó por matar el amor al trabajo, toda vez que la cantidad y calidad del mismo no entrañaba un incremento del salario y no era posible satisfacer las necesidades materiales con el mismo.

Ahora, cuando se precisa recuperar la fuerza laboral en sectores como la agricultura, la construcción, la pesca, y otros particularmente duros, en tiempos en que las condiciones laborales no son las más cómodas ni la remuneración económica la mejor, la inmensa mayoría de la gente en edad laboral, con independencia de la edad, no se siente comprometida con esa importante tarea, y prefiere dedicarse a trabajos mejor remunerados, como el turismo, el comercio y la gastronomía entre otros, o practicar oficios informales en la marginalidad, donde ganan mucho más, sin importarles la legalidad o no de tales empleos y los materiales con que trabajan ni las necesidades de la sociedad en su conjunto; como tampoco lo que ellos y sus familiares reciben de ésta y el compromiso social que ello entraña en el orden moral; al extremo que resulta frecuente escuchar entre los jóvenes, expresiones relativas a que no desean trabajar con el estado, así como manifestaciones en las que ponen en duda las ventajas del socialismo como sistema social, llegando no pocos a afirmar que prefieren el capitalismo, al cual consideran un sistema superior, pues creen que es más capaz de satisfacer las necesidades individuales del ser humano.

Así, todo el conjunto de factores económicos, jurídicos, educacionales, morales, ideológicos, etc., antes enumerados, han devenido en una profunda crisis de valores, que afecta en especial a las jóvenes generaciones. Esa es la causa principal del desinterés por el trabajo, el aumento de la vagancia y el delito, así como de una parte importante de la gente joven vea en la emigración hacia países desarrollados la única solución a su situación económica y la de su familia.

En mi criterio, parece ser que las consecuencias que en el terreno económico, tanto individual como social, acarreó para la población la violación continuada del principio de distribución socialista y la excesiva estatalización de la propiedad, así como la exagerada centralización gubernamental en la economía, mantuvo vivas las fuerzas productivas de la vieja sociedad; las que, además, no fueron armonizadas, como era debido, en el engranaje económico nacional para continuar asumiendo las producciones y servicios necesarios a la población, las que el estado revolucionario era económica y administrativamente incapaz de asumir, impidiendo de esa manera el pleno desarrollo de las nuevas fuerzas productivas.

Este complejo problema incrementó las limitaciones impuestas por el bloqueo, lo cual impidió al Gobierno Revolucionario cumplir en toda su magnitud el proyecto de mejoramiento de vida para la población. Al mismo tiempo, el deficiente trabajo de educación política e ideológica durante años y la acción de la propaganda enemiga durante décadas, unido al efecto nocivo de la corrosión provocada por el oportunismo y la corrupción continuada y cada vez en mayor ascenso, trajo como consecuencia que el Sistema Objetivo de Valores, o lo que es lo mismo: la relación de significación existente entre los distintos procesos de la vida social, y las necesidades e intereses de la sociedad en su conjunto, que incluye, por supuesto, los de cada sujeto en cuestión, dejara de tener significación para una parte importante de la gente, y ello se hiciera más y más amplio en las nuevas generaciones, al encontrar cada vez menos correspondencia entre sus valores subjetivos, deformados muchas veces, y el conjunto de los valores objetivos que la sociedad ponía ante ellos.

Por otra parte, parece lógico considerar, que al entrar en contradicción ese Sistema Objetivo de Valores de la sociedad como tal, con el Sistema Subjetivo de Valores de un segmento cada vez más numeroso de la población, y, por añadidura, compuesto por la gente más joven y, por tanto, más inquieta, inexperta, aventurera y fácil de manipular por el enemigo, poco a poco el Sistema Institucionalizado de Valores con el cual el estado intentaba proteger los valores objetivos intrínsecos en la sociedad, dejó de responder a los intereses de ese grupo y, en consecuencia, también dejó de proteger los valores subjetivos que, con el decursar del tiempo, se habían convertido en los dominantes en el esquema de valores generalmente adoptado por el grupo.

Al mismo tiempo, ese Sistema Instituido de Valores también llegó a verse afectado desde hace mucho tiempo por la falta de estimulación económica a los miembros de los órganos encargados de velar y exigir su cumplimiento, con lo cual ocurrió lo que advirtiera hace mucho el eminente pedagogo soviético Antón Makarenko en su libro “Poema pedagógico”: “Donde no hay exigencia, no puede haber disciplina”. Como consecuencia de este error se entronizó primero la indisciplina en todos los sectores y niveles de la sociedad cubana, seguida más tarde del creciente irrespeto a todo lo instituido, ya fuera legal o tradicionalmente, y después la violación flagrante de la ley misma, situación que hoy vemos por todas partes diariamente, antivalores que se trasmiten de generación en generación, desvirtuando el Sistema de Valores Instituidos, con el consiguiente efecto en el Sistema Subjetivo de Valores de una parte cada vez más amplia de la población, lo que ha llegado a conformar una manera de pensar y de actuar cada vez más alejada y ajena a los intereses de la construcción estatal socialista.

Al no prestarle atención y, en consecuencia, no detectarse ni diagnosticarse a tiempo este fenómeno, no fue posible enfrentarlo y darle el tratamiento adecuado, lo cual posibilitó que el mal se expandiera y creciera cada vez más, contaminando a la mayor parte de las nuevas generaciones que arribaban continuamente a la edad juvenil, hasta llegar a convertirse en el caos que tenemos hoy, el que sin duda alguna constituye – y disculpen la reiteración- una crisis de valores de grandes proporciones, cuyas consecuencias finales resultan aun imprevisibles; pero por lo menos nos permiten vaticinar que tanto la generación que hizo la Revolución como las que nos incorporamos a ésta desde los primeros momentos para defenderla, impulsarla y forjar un futuro mejor para nuestros hijos, todo parece indicar que nos hemos quedado sin el relevo que siempre soñamos, pues no fuimos capaces de formarlo de la mejor manera.

Por otra parte, me parece alarmante que ante la evidente crisis de valores que amenaza a la sociedad cubana actual y a su futuro inmediato, no siempre se observa una explicación objetiva por parte de las instituciones políticas y gubernamentales ni de la prensa oficial, que permita una respuesta objetiva, libre de triunfalismos y de apologías; encaminada a combatir sus causas reales, algo en extremo peligroso, porque, tal como hace el médico, para curar al paciente lo primero ha de ser identificar la enfermedad que lo aqueja para decidir el tratamiento a aplicar. Así hemos visto cómo se comienza a reconocer de manera oficial, aunque tardía y muy tímidamente, que existe en Cuba apenas un “deterioro de los valores”.

De tal manera, pudiera pensarse que se trata de algo simple, pasajero; nada grave que pueda llegar a constituir una amenaza. Y lo peor de todo, a mi juicio, es que entre las causas a las cuales se atribuye este fenómeno se enumeran mecánica y únicamente las consecuencias económicas que trajo para Cuba el derrumbe del campo socialista, así como las medidas de orden económico que el gobierno cubano se vio obligado a adoptar, como fueron la despenalización de las divisas, la reapertura de los mercados agropecuarios, la ampliación del trabajo por cuenta propia y el incremento del turismo internacional; así como la influencia de la sociedad de consumo, a todo lo cual se culpa de haber provocado en parte de la población –no se especifica en cuál sector ni su cuantía- “el deterioro de determinados valores –no todos-, como son la honestidad, la responsabilidad, la solidaridad, la honradez, la laboriosidad, la justicia y el humanismo.

Es decir, se trata de encontrar las causas de ese supuesto deterioro de los valores, en factores externos y en las medidas que nos vimos obligados a tomar, obligados por los mismos; pero nunca a causa de nuestros propios errores e insuficiencias, y mucho menos a violaciones de las leyes económicas y a los principios básicos de la doctrina marxista. O lo que es lo mismo, como dice el refrán, buscar la pajita en el ojo ajeno.

Para enfrentar este difícil problema, se trazan una serie de lineamientos a fin de rescatar algunos importantes valores, la mayoría de los cuales, a mi juicio, resultan demasiado genéricos, esquemáticos y, por tanto, no son lo suficientemente representativos de nuestra realidad, como son la dignidad, el patriotismo, el humanismo, la solidaridad, la responsabilidad, la laboriosidad, la honestidad y la justicia, y con el propósito de lograrlo se indica una larga receta, la cual se recomienda sea aplicada “de manera conscientemente organizada, con estudiada intencionalidad, en la que debe primar el dialogo sincero y abierto, de manera diferenciada, persona a persona, cara a cara”; de todo lo cual se infiere que para recuperar los valores perdidos y los que no pudieron crearse nunca, habrá que contar con un plan de trabajo individual, ajustado a las características de cada una de las personas sobre las cuales sea necesario trabajar, y, pese a que tal trabajo deberá emprenderse con un universo de individuos de diferentes generaciones, el mismo deberá hacerse sobre la marcha, en una especie de campaña, parecida a la lucha contra el marabú, como si algo tan complejo y difícil como la formación y arraigo en la conciencia de los valores morales pudiera resolverse con discursos durante los llamados matutinos que se celebran de manera formal y rutinaria una vez por semana en centros laborales y escolares, ni con consignas y llamados a la conciencia escritos en los murales y en las paredes, como si tal trabajo pudiera ser emprendido así como así, sin ton ni son, por los sindicatos y núcleos del partido en los centros de trabajo, o por los “ya aguerridos” Trabajadores Sociales, de igual manera que se lee y explica una orientación del organismo superior que debe ser cumplida obligatoriamente por todos.

Para concluir, y retomando la idea inicial: considero que la juventud no se ha perdido a sí misma. Lo que hizo fue seguirnos a nosotros, los mayores, que ya avanzábamos por un rumbo equivocado. Por eso, para enfrentar y resolver el tema de los valores, que es como si dijéramos el futuro de la nación cubana y de su pueblo, parece que se hace necesario comenzar por rectificar el camino en lo económico,E con sus correspondientes consecuencias en lo educativo, lo administrativo, lo productivo, lo constitucional y lo judicial, pues habrá que restablecer a toda costa el orden general alterado, para poder enrumbar a la sociedad en su conjunto, partiendo de la doctrina marxista y sin desechar las experiencias positivas y negativas acumuladas hasta hoy y nuestras propias características y condicionantes histórico-sociales concretas, al logro de ese futuro comunista siempre soñado, cuyo camino -según todo parece indicar- hace tiempo equivocamos.

13 de agosto de 2009

 

Roberto Pavón, un hombre de grandes pasiones

Roberto Pavón, un hombre de grandes pasiones

 

 

 

Iliana García Giraldino*

Le debía estas palabras al Viejo. En verdad, todos los que lo conocimos le debemos más que palabras: agradecimiento por su inmenso caudal de vida revolucionaria; de lealtad y prensa combativa; de comunista convencido; de profesional sagaz.  

Era un ejemplo sencillo de sensibilidad lo cual multiplicaba su ascendencia entre nosotros, que fuimos, no vamos a decir sus subordinados, porque lo sentíamos como un familiar cercano, un amigo, dispuesto siempre a la comprensión, a dar el mejor consejo. No sé cómo se las arreglaba pero al llamar la atención a un compañero parecía que el autor de la falta era él, y al requerido le llegaba al corazón el regaño y terminaba avergonzado diciendo “Fallé, ¡qué pena con El Viejo!” y aprendía la lección.  

Fueron muchas las enseñanzas que nos brindó Pavón. Soy incapaz de enumerarlas, pero lo cierto es que nos hizo mejores profesionales, mejores revolucionarios y patriotas. 

Recuerdo cómo disfrutaba relatando su trabajo en el periódico santiaguero Sierra Maestra en los años azarosos después del triunfo revolucionario: “no dormíamos, y las primeras páginas que hacíamos, al otro día la gente las ponía en las puertas de las casas, esas sí eran primeras planas”. Ni qué decir de su paso por la prensa holguinera, de la fundación de Tribuna de La Habana. Una vez escuché a alguien decir “Pavón sacó ese periódico de la manga”. Y lo logró. 

Así era él. Nunca con luces ni lentejuelas, siempre era discreto con sus hazañas. Calladito derribaba los obstáculos mayores, encontraba a los problemas las más ingeniosas y simples soluciones, con inteligencia y picardía que al final nos hacía sonreír reconociendo que “El Viejo es tremendo”. 

Una tarde me aventuré a preguntarle de su vida antes de 1959. Me habló de las privaciones de entonces, y a carcajadas me contó que estaba tan flaco que una vez al despedirse de su amada Mirta –por entonces su novia- al mover la mano para decirle adiós salió despedido por los aires su anillo de compromiso; y de cómo ambos después de casados en una pobre casita ponían sobre un muro las cazuelas con comida para que la frescura de la madrugada ayudara a conservarla; o como aquellas muchachas –siempre admiró a la población femenina- que vendían café a tres centavos en Carlos III le decían “alambrito” por su delgadez. 

Pero yo quería saber más, de su lucha en la clandestinidad, y me atreví a pedirle que me hablara de aquellos momentos cuando fue apresado y torturado por la tiranía. ¿Sintió miedo, Viejo?, dije con absoluto respeto, con un hilo de voz y casi con temor. Nunca me he podido arrepentir lo suficiente de haberle hecho aquella pregunta. No me respondió. Me miró con dolor, se le cuajaron los ojos de lágrimas y no pronunció una palabra. Nunca lo hizo. 

Pavón era sentimental. Tuvo dos grandes pasiones: Cuba y su Revolución. No importaba que fuera Director u ocupara grandes responsabilidades, ni que tuviera ya bastantes años. Jamás faltaba a una marcha, a un desfile. Y llegaba al mediodía al trabajo, para iniciar una jornada compleja, coloreado por el Sol, con un modesto pulover blanco, feliz de haber sido parte de una manifestación, ya hubiese sido en la Plaza o en el Malecón, un Primero de Mayo o en la Tribuna demandando el regreso del Niño Elián. No faltaba a las movilizaciones de trabajo voluntario en el campo, a las convocatorias de su CDR. Lo hacía sin alardes, en silencio, con su corazón revolucionario de fiesta. Con eso le bastaba. 

Amaba a su Patria, y a su terruño –Holguín-. Tenía gran sensibilidad artística y una vasta cultura. En un homenaje que la AIN le dio al equipo de la novela “Cuando el agua regresa a la tierra” Pavón le decía emocionado “yo conocía muy bien la región oriental, Viñales, todo el país, pero después de ver lo que ustedes hicieron, la Naturaleza en la Ciénaga de Zapata, me siento todavía más cubano”. 

Como buen ser humano tuvo sus tropiezos, y fuerzas le sobraban para seguir adelante, con humildad y grandeza a la vez. 

Cada quien recuerda con más énfasis la parte de Pavón que más le impresionó. Muchos lo quisieron como un padre. Ahí está Pepe –de Bohemia- que no se cansaba de repetirlo cuando fue a decirle el último adiós. Y tantos otros. No tuvo hijos, o sí los tuvo. Ahí están todos los periodistas que quiso y formó, y le correspondieron con cariño infinito. 

¿Cuántas imágenes de Pavón conservamos? Sentado en la dirección de la AIN haciendo profundos análisis políticos; defendiendo vehementemente la historia de la URSS –donde fue diplomático-; verlo molestarse (de broma) cuando le pedían que hablara más alto, que no se le entendía (su voz era un permanente susurro); en reuniones dando el criterio más acertado o tal vez desacertado, pero sincero; evocando pasajes de la historia de la Revolución, de Fidel, de Raúl; militando disciplinadamente en el Partido; disfrutando los paisajes cubanos cuando iba a provincias; ganando más y más amigos entrañables en todo el país; trabajando en la UPEC y PL después de jubilado; siempre con optimismo; siendo cariñoso con todos, desde el más sencillo periodista de la emisora más remota del país, hasta con reconocidas personalidades. El trato era el mismo. Supo disfrutar un buen trago de ron, y en un tiempo fumó. Era delicado, educado y atento con las compañeras. Recuerdo que ante cada gentileza que yo presenciaba le decía “Ahí está el caballero holguinero”, no sin gozar la satisfacción íntima de saberlo bien cercano. Me privilegió con su amistad. 

En el orden personal, no puedo concebir una expresión que refleje cuánto aprendí de él. Pero sí me dio una última lección para no olvidar. Días antes de su partida, alcancé a hablarle por teléfono. Ya estaba muy limitado y enfermo, pero a través del auricular lo escuché. Lo sabía próximo al adiós. Le expresé lo más normal que pude la pregunta “?Cómo está Viejo, cómo se siente?, y sacando fuerzas, de no me explico dónde, me respondió, entre palabras entrecortadas y un poco distorsionadas “¡EN..TE..RO!” 

*Trabajó durante 14 años con Roberto Pavón Tamayo en la AIN

 

Lunes, 14 de octubre de 2013

Fuente: Cubaperiodistas.

Pleno Extraordinario del Comité Nacional de la UPEC

Pleno Extraordinario del Comité Nacional de la UPEC


Hay que continuar el camino del cambio
Lo presidió Rolando Alfonso Borges, jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido. Análisis sobre los resultados de los talleres creativos. Cooptación de dos periodistas de Santiago de Cuba y La Habana al Comité Nacional

Al clausurar el Pleno Extraordinario del Comité Nacional de la Unión de Periodistas de Cuba, Rolando Alfonso Borges, jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido, expresó que es el momento de trasformar y hay mucho por hacer todavía. Hay que tratar de identificar dónde y mejor se puede contribuir a que haya cambios.

Refiriéndose a la batalla contra el secretismo dijo: la voluntad del Partido es que no haya secretismo. Percibimos que hay un movimiento en ese sentido. El país necesita eso y necesita equilibrio.

Alfonso también planteó que lo más importante hoy es la crítica revolucionaria y que a los jóvenes hay que ayudarlos y persuadirlos.

Habló sobre sus recientes visitas a China y Vietnam para conocer de las experiencias de esos países en los problemas de la comunicación.

Alfonso explicó que la ausencia de Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros y miembro del Buró Político, al Pleno Extraordinario, se debió a que estaba cumpliendo otras funciones que le encargaron de último momento, pero que él se había estado preparando y estaba muy entusiasmado para asistir al encuentro con el Comité Nacional de la UPEC.

El Pleno recibió una llamada telefónica de Tony Guerrero, desde su cárcel en Estados Unidos, quien envió un mensaje a los periodistas cubanos de agradecimiento por lo que han estado haciendo en favor de la causa de los Cinco. Arleen Rodríguez, miembro de la Presidencia, recibió en su teléfono celular la llamada de Tony y la amplificó para que escuchasen las palabras cariñosas del luchador antiterroristas, injustamente preso en aquel país.

El Comité Nacional de la UPEC eligió como nuevos miembros a Fabiola López, de la delegación provincial de La Habana, y a Yamilé Haber, de Santiago de Cuba, como parte del proceso de cooptación previsto en los estatutos, desarrollado con el fin de fortalecer el trabajo de la organización.

Uno de los aspectos en que se concentró el Pleno Extraordinario fue el de la necesidad de la integración de los jóvenes en el sector de la prensa, y en particular, el aspecto de la formación profesional.

Belkis Pérez Cruz, vicepresidenta de la UPEC informó al Pleno que en el presente curso se están formando como periodistas 701 jóvenes en los siete centros de enseñanza superior del país y en julio de 2014 se graduarán 244 de ellos.

“El ingreso de esa fuerza calificada debe convertirse en un proceso natural en nuestros medios”. Sin embargo, muchos manifiestan hoy su preocupación por la ubicación laboral. Desde la UPEC se ha prestado atención a esta situación, así como a las captaciones desde el preuniversitario a los posibles ingresos a esta carrera.

La UPEC aportará la experiencia profesional de los notables del periodismo a través de los encuentros programados y sistemáticos con los estudiantes, para rescatar la enseñanza-taller con los paradigmas de la profesión.

El punto inicial de discusión del Pleno fue el resultado de los talleres creativos que se efectuaron en los colectivos de los medios.

osé Alejandro Rodríguez presento un documento de resumen sobre los principales aspectos que se plantearon en estos talleres, realizados en los medios nacionales y provinciales de la prensa escrita, de la radio y los telecentros, así como en otras delegaciones del periodismo digital y de la docencia.  Quedan pendientes aún por celebrar los talleres creativos en la televisión nacional.

Pepe Alejandro señaló que como conclusión general podía decirse que llamaron a erradicar “las debilidades endógenas de nuestros medios y fortalecer nuestras oportunidades de talento y eficacia. Estaremos también despejando el camino para que los sujetos externos a nuestra gestión también vayan erradicando muros, prejuicios, asechanzas e intrusiones en torno al periodismo revolucionario. Brillemos por nuestra presencia, no por la ausencia”.

Luego, Juan Marrero, presidente de la Comisión Nacional de Ética, valoró el papel de la UPEC en la lucha contra el secretismo e hizo referencia a los planteamientos y acuerdos que se adoptaron en los talleres creativos sobre este tema. Señaló que los Ministerios de Educación, Salud Pública, Turismo y Energía y Minas, eran los organismos con mayor frecuencia en manifestaciones de secretismo, según las relatorías de los talleres revisadas. Agregó, además, que se ha iniciado un proceso de análisis con los organismos centrales del Estado y el Gobierno, así como con otras dependencias y empresas por el Partido, con la participación de la dirección de la UPEC, en la búsqueda de destrabar la información oportuna y útil que debe recibir la prensa para la realización de un trabajo de mayor efectividad. Este proceso, según propósito del Partido, debe concluir en diciembre de este año. Forma parte de la lucha contra el secretismo.

Rosa Mirian Elizalde, miembro de la presidencia, le puso ciencia a la comunicación al mostrar una “nube de etiquetas” como resultado del análisis realizado sobre los planteamientos hechos en los talleres. Además, mostró matemáticamente que hubo escasa participación de los jóvenes en las rutinas productivas de los medios de prensa nacionales y en la organización. Señaló que el Comité Nacional debe prestar mucha atención a este problema para lograr incorporar a los jóvenes a nuestras filas y a nuestros objetivos de comunicación. Dijo también que estos han buscado alternativas para expresar sus opiniones en el nuevo entorno mediático.  

Algunas opiniones de los colegas sobre este tema:

Arleen Rodríguez advirtió sobre la tendencia de ofertas lucrativas que reciben algunos jóvenes que escriben en algunos sitios digitales. ¿Qué acción vamos a desarrollar para solucionar esos problemas ya identificados? También habló de la necesidad de discutir en las redacciones, como en un espacio vivo, los trabajos de los jóvenes que son presentados para su publicación. El próximo taller debe ser para traer al diálogo a los jóvenes.

Rosa Mirian Elizalde: Tampoco podemos estar aislados de las tecnologías. Es importante estar pendiente del diálogo que se está dando al margen de la organización. Y los talleres son una mina de información.

Raúl Garcés: No va a haber cambio, sino fomentamos un ambiente de cambio. No puede haberlo sin recursos humanos. El problema económico está minando que los jóvenes se vinculen a los medios nacionales. La competencia está en casa, ¿qué vamos a hacer?

Armando Franco Senén, presidente de la FEU de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana: Hay que romper la incomunicación, pues muchas veces no conocemos a los dirigentes de este Comité Nacional, incluso, ni a los miembros de la Presidencia Nacional de la UPEC ¿Por qué los jóvenes no se quieren incorporar a los medios nacionales? No somos contrarrevolucionarios, ni es el factor económico todo lo que nos limita. Ese análisis debe ser más profundo. Cuenten para ello con nuestra facultad.

osley Carrero: Los jóvenes no quieren incorporarse a los medios, porque hay un divorcio entre esos medios y la academia. Terminan rechazando los conocimientos que adquirieron en las aulas cuando se enfrentan a las rutinas productivas de los medios. Ser joven no te hace “per se” un agente de cambio. Con modelos viejos no podrán hacerse contenidos nuevos.

Karina Marrón: Las redacciones tienen que cambiar. ¿Qué papel tiene la UPEC? Hay que fortalecer sus vínculos con la Universidad y la FEU. Debemos propiciar que las casas de la prensa sean lugares donde se hagan presentaciones de investigaciones que se hacen en las universidades y se debatan nuestros temas. El acercamiento no puede darse desde la desconfianza, sino desde el diálogo y el respeto. Con respecto a los blogs, no hay política en los medios. Creo que es un tema que debe analizarse, pues mucha gente joven está escribiendo sus blogs y no podemos ignorar la riqueza que hay en ellos.

Herminia Rodríguez: Relacionarnos con los jóvenes que están inmersos en la comunicación es una necesidad estratégica. Se trata de un tema de justicia. Tenemos que tener un diálogo con ellos, no hay que idealizar, hay diversidad en el pensamiento de esos jóvenes, algunos desalentados y que reproducen discursos de viejos. Los jóvenes son muy revolucionarios y están renovando las maneras de decir. El único camino es integrarlos.

Antonio Moltó: Hay un entendimiento con los jóvenes cuando el diálogo es desde el respeto. En cuanto a su incorporación, no se trata de juntar banalmente a los noveles con los experimentados, olvidando de dónde venimos todos nosotros. Sería el suicidio de la UPEC convocarnos a un proceso generalista sobre temas puntuales, una involución de nuestro pensamiento si creemos que desde hoy tenemos todas las soluciones, en un entorno complejo, donde incurren tantos factores. Apenas hemos iluminado los primeros pasos.

Ernesto Vera dijo que para que fuera un buen taller era necesario analizar la calidad del periodismo que hacemos y no si eran jóvenes o viejos. Señaló que “en esta sala hay un viejo de 60 años que tiene una sección diaria de un buen periodismo, crítico y bien escrito que toca temas de interés para toda la población”. Mencionó que se trataba de Pepe Alejandro Rodríguez.

Joel García: El taller se divide en tres momentos, preparación, discusión y resultados. La mayoría ha logrado mirarse hacia dentro. En algunos de esos talleres, donde un éxito ha sido la dinámica, los líderes fueron los jóvenes. Pero cada taller debe centrarse en sus especificidades, para lograr cambios.

Abel Falcón planteó que cada provincia tiene sus particularidades y no se puede globalizar los resultados de los talleres sin tener en cuenta esas características de cada territorio, diferentes uno de otro. Cualquier análisis que se haga debe considerar esa situación.

Randy Alonso habló de un reciente encuentro de la Oficina de Publicaciones del Comité Central con los estudiantes de periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Se refirió a las coordinaciones que se han logrado para un mejor resultado de las prácticas laborales de los estudiantes en Cubadebate y la Mesa Redonda.

Al final del Pleno, la vicepresidenta Bárbara Doval dio a conocer la decisión de la Presidencia de otorgar la Moneda Conmemorativa por los 50 años de la UPEC a algunos miembros del gremio, todos integrantes del Comité Nacional, que han tenido una labor destacada. Recibieron este reconocimiento:

Omar George, Premio Nacional de Periodismo José Martí

-José Alejandro Rodríguez, Premio Nacional de Periodismo José Martí

-Adalys Ray, presidenta de la UPEC en Las Tunas

-Humberto Concepción, presidente de la UPEC en Santi Spíritus

-Zenaida Ferrer, presidió la delegación ramal de la prensa escrita durante varios años

-Juan Carlos Ramírez, presidente de la UPEC en la antigua provincia La Habana

-Ariel Terrero, miembro de la Presidencia Nacional

-Jesús Rodríguez, presidente de la UPEC en Cienfuegos

-Miosotis Fabelo, corresponsal de Radio Rebelde en Camagüey

-Pastor Batista (no estaba presente en el Pleno), corresponsal de guerra

Luego del otorgamiento de las monedas fue entregada a cada casa de la prensa del país una réplica del diploma de reconocimiento que el presidente Raúl Castro hizo llegar a la organización durante del IX Congreso de la UPEC, efectuado en julio pasado.

Sábado, 12 de octubre de 2013 

Fuente: Cubaperiodistas.

La facultad que debemos ser…

 

 A reanimar al IX Congreso de la UPEC en el trabajo cotidiano, fue el llamado del profesor José Ramón Vidal, ponente del taller creativo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana

La necesidad de profundizar en el trabajo académico colectivo, teniendo en cuenta la política comunicacional y las relaciones comunicativas vinculadas a las tecnologías, fue la cuestión general que puso sobre la mesa el profesor Vidal para iniciar el debate durante este taller creativo post congreso.

Los temas administrativos y organizativos roban espacio a la discusión académica, cuando es urgente el trabajo grupal antes de enfrentarse al aula, para compartir visiones al interior de los departamentos de la facultad y también con otros actores. Ese trabajo interdisciplinario responde a la necesidad del país de lograr un sistema comunicativo coherente, que excede a la prensa e involucra también a la academia.

Igualmente, los profesores reflexionaron acerca del desarrollo de movimientos sociales a nivel global,  que han revolucionado visiones asociadas al derecho de acceso a la información. ¿Qué es transparencia informativa? ¿Qué significa, en la práctica, que la información es un bien público? ¿Cómo se construyen las agendas de los medios? ¿Qué usos debemos darle a las nuevas tecnologías? Esas inquietudes pueden encontrar respuesta en estos procesos, cuyas visiones son una fuente de saberes.

En ese sentido, coincidieron en que la relación entre las políticas comunicativas del país y el crecimiento profesional desde la academia, tienen que ser estrecha y de doble vía.

Hoy, el país ha dado un giro de 180 grados a la comunicación. Es un momento favorable para que la facultad proponga ideas ante los planes que conciben las instituciones, pero en alianza con los estudiantes. Tenemos que acompañarlos y no defraudarlos, para que la universidad sea esa vanguardia de pensamiento que antes fue, enfatizó Antonio Moltó, presidente de la UPEC.

Utilizar las ideas que han salido de los talleres para encontrar temas de investigación, así como dar utilidad a los trabajos almacenados en la biblioteca de la facultad, puede ser un paso de avance significativo. Esas tesis de licenciatura muchas veces responden a los problemas de los medios, y estos han ignorado las soluciones que ofrecen los estudiantes.

Vincular teoría y práctica, contextualizar los saberes, solucionar las lagunas informativas en su formación, son algunas rutas para combatir el desinterés, la desidia y la apatía que vemos hoy. “Hay que discutir ese proyecto con esperanza y confianza, para poder contribuir con él”.

La facultad puede ser un generador de ideas y un laboratorio de pruebas. Para ello, los vínculos entre FCOM, UPEC y el Instituto Internacional de Periodismo “José Martí” deben generar espacios para el análisis y el intercambio con otros actores. Es decir, ampliar el diálogo para resarcir la desconexión entre estudiantes y profesores. Perdimos la “zona de desarrollo próximo”, ese rostro del espacio de socialización en el ámbito educativo,  donde podemos comunicarnos con ellos.

“Necesitamos un permanente taller creativo”. Una propuesta específica en ese sentido fue rescatar la idea de hacer un ciclo de conferencias sobre el periodismo en la revolución,  un ejercicio que no se ha hecho en la práctica de la academia. Ese dialogo generacional puede fortalecer “el bichito del periodismo” en los jóvenes. “No podemos aceptar no montar a los estudiantes en la locomotora del cambio”, aseguró Raúl Garcés, decano de la facultad.

De estos talleres tienen que salir ideas concretas, puede que eso todavía falte. ¿Cómo mejorar la formación pre y post grado? ¿Cómo orientar a los estudiantes para su llegada a los medios de prensa? ¿Cómo debe ser el diálogo con esos medios? ¿Cómo mantener el vínculo con los estudiantes cuando se gradúen? Son interrogantes que aún no encuentran respuestas.

Viernes, 11 de Octubre de 2013

Fuente: Cubaperiodistas.