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A propósito

El primer Presidente de la UPEC

El primer Presidente de la UPEC

Israel Hernández Álvarez 

Un espirituano fue el primer Presidente que tuvo la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

La movilización del pueblo cubano por la Crisis de Octubre en 1962 obligó a paralizar el trabajo que se venía desarrollando desde meses antes para constituir una organización única que agrupara a reporteros, corresponsales, correctores de pruebas, fotógrafos,

 

camarógrafos, dibujantes y humoristas, quienes estaban disgregados en muchas instituciones.

El 15 de julio de 1963 se cumplía ese reclamo de muchos periodistas patriotas con la celebración, en el Salón de Embajadores del hotel Habana Libre, de la Asamblea Nacional o primer Congreso de ese sector, que dejaba constituida la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), cuyo primer presidente fue Honorio Muñoz, quien viera la luz en Sancti Spíritus el 21 de noviembre de 1910.

En su tierra natal se vinculó desde muy joven a la Trova y formó un dúo junto a Manuel Gallo Abstencio, uno de los grandes en ese género. Fue su amigo íntimo y le escribió las letras de varias de sus canciones. El Trío Pensamiento estrenó e incluyó en su repertorio números compuestos por Honorio: Remembranza, Nostalgia e Imposible.

Aunque dejó su huella en la música tradicional de la ciudad del Yayabo fue en el Periodismo donde encontró su más plena realización. Encabezó el comité gestor que en 1934 organizó los festejos por el centenario de la introducción de la imprenta en Sancti Spíritus y la fundación del periódico El Fénix.

Sus convicciones de revolucionario lo llevaron a enfrentar peligros y momentos de tensión en diferentes épocas de la sociedad cubana. Ni la persecución, ni los días en que sufrió los rigores de la cárcel en varias oportunidades lo hicieron apartarse de su misión en distintas publicaciones clandestinas y de su constante faena a favor de los humildes.

Quizás en la formación de su recio carácter hayan influido, más que su vocación por la novelística de Hugo, Balzac y Dickens (entre otros), las lecturas de Historia y de Ciencias Sociales.

Quienes lo conocieron lo conceptúan como un individuo decidido, con mucha instrucción, polémico, crítico y autocrítico.

Juan Marrero, actual vicepresidente de la UPEC, en breve conversación telefónica refirió: “Yo lo conocí en el periódico Hoy. Era un hombre culto, a la vez que explosivo e irónico”.

Ernesto Vera, quien fuera el vicepresidente de la organización periodística fundada  en 1963, lo evalúa como “una gente muy consecuente, de gran prestigio profesional, multifacético y muy culto”.

Pero fue el periodista Oscar Pino Santos (fallecido) el que dio una caracterización más completa sobre la personalidad de este intelectual cuando escribió: “Honorio Muñoz, un nombre para muchos desconocido pero que yo creo debiera estar inscrito con letras de oro en los anales de la prensa cubana. Honorio era de mediana estatura y corpulencia, tez muy blanca y facciones más bien aguileñas. Usaba unos espejuelos de aros de metal que le engrandecían los ojos negros e inquisitivos y su bigote entrecano comenzaba a anunciar sus cuarenta y tantos años. De temperamento tenso y enérgico carácter —según algunos conflictivo, aunque yo nunca tuve un sí o un no con él—, cuando estaba excitado su voz vibraba tronitronante por toda la redacción. Mientras más lo conocía mayor era mi admiración por él no solo como periodista, sino por su honradez, espíritu abnegado y total entrega a la causa de los trabajadores.

“(...) Honorio era sobre todo un extraordinario periodista: a mi juicio de entonces y aún de ahora, probablemente el más completo que haya producido Cuba”.

El periódico Hoy y la emisora radial Mil Diez, entre otros medios de difusión, lo tuvieron como un excelente creador en la labor a la que dedicó su vida. Asimismo, la Escuela de Periodismo, fundada por él en la Universidad de La Habana, lo tuvo como un paradigma de educador porque, sobre todo, ayudó a la formación científica de los educandos. Según sus propias palabras “entendía el Periodismo como una profesión, no como oficio”.

Más de 300 cuartillas salieron de su pluma sobre informes de viajes que hizo al extranjero, entre los que sobresalen el haber formado parte del equipo de colegas que acompañó al Comandante en Jefe a la ONU en 1960 y reuniones de la Organización Internacional de Periodistas (OIP).

El 23 de abril de 1977, víctima de una penosa enfermedad, se despidió  de la vida, pero antes y durante largo tiempo tuvo que sobreponerse a un padecimiento neurológico cuyos síntomas eran el vértigo y la falta de estabilidad física. Más que la propia afección le dolía, por ella, no poder satisfacer el deseo de dar lo mejor de sí por la Revolución; así lo hizo saber cuando, por pedido, escribió en su autobiografía:

“Eso me ha lanzado a un incumplimiento bochornoso de mis deberes en ciertos trabajos y compromisos, en los que se expresa lo político por lo físico, incluyendo en los deberes impostergables de la defensa. Sé eso, que justifica a plenitud mi incapacidad para ningún honor de la revolución. Ahora bien, ideológicamente estoy más firme y consolidado que nunca en la línea marxista-leninista”.

(Esta nota sobre Honorio Muñoz se publicó en el periódico Escambray y en el sitio Cubaperiodistas.cu en julio de 2008, en ocasión del aniversario 45 de la UPEC)

Fragmentos de un escrito de Honorio Muñoz

Entre la primera clausura y la reaparición del periódico Hoy

Por Honorio Muñoz 

El 26 de agosto de 1950 el gobierno de Prío Socarrás clausuró el periódico Hoy. 

Desde hacía tiempo se espera ese zarpazo. Meses antes bandas armadas lo habían planeado y anunciado. Sus grupos merodeaban por nuestros alrededores, en franca actitud provocativa. Y noche tras noche, durante más de un mes, esperamos en guardia que se produjera el asalto. 

Un día pareció concretarse la amenaza. En varias manzanas a la redonda, los grupos gangsteriles fueron situados, prestos al asalto anunciado. Porque todo fue público. La policía estaba informada y no actuaba más que para proteger a los bandidos… 

El Partido y los sindicatos se movilizaron en defensa de su periódico y de las libertades democráticas.  

Nosotros salimos de Hoy en un jeep para examinar la situación. Íbamos en plan de reportero. Observamos que los pretensos grupos atacantes comenzaban a clarear. Algunos jefes policiacos se les acercaron, conversaban y luego se marchaban. Finalmente se marcharon todos. El asalto, pensamos, había sido diferido. Hoy no bajó la guardia ni el enemigo renunció a sus propósitos. 

Pero el 26 de agosto de 1950 la violencia se produjo a costa del derecho y de las leyes. Hoy fue clausurado por Prío. 

Al hacerlo, satisfizo un compromiso con la embajada norteamericana y pensó quitarse de encima a su juez más implacable y certero, al fiscal de sus robos, de sus crímenes, de sus venalidades, de su entreguismo y de su corrupción. 

Prío quedaba al desnudo como ladrón, bandido y lacayo. Su gobierno definitivamente caracterizado como instrumento servil de los peores intereses antinacionales e imperialistas. 

Y creyó poder callar a Hoy, callar la voz del proletariado y del pueblo cubano…Pero al ser del pueblo, la voz de Hoy es inmortal y dispone de recursos tan generosos y prolongados como la vida del pueblo mismo. Y así, inmediatamente después de la clausura, Hoy siguió diciendo su verdad. 

Primero lo intentó por la vía legal. Para eso se sirvió de “América Deportiva”, un semanario especializado que publicaba la empresa de Hoy, todos los domingos. 

América Deportiva se transformó inmediatamente en un diario político, de combate, en la reproducción reducida de Hoy. Lo editamos en unos talleres situados en las calles Mercaderes y Lamparilla. Próxima a ellos instalamos la redacción. En la sala de una casa de familia, sobre mesas de adorno instalamos las máquinas de escribir. El taller fue rodeado por la policía, pero cuando ya todos los materiales estaban dentro, y América Deportiva salió a la calle denunciando los crímenes del gobierno.

La policía no se explicaba cómo había salido a la calle. Autoridades suyas menores le juraban a sus altos jefes que eso “era imposible que hubiera ocurrido, dado que nadie había podido salir del taller”. Pero América Deportiva, heredera de Hoy, estaba en la calle porque los vecinos del taller, a través de azoteas, patios, accesorias, etc., habían logrado sacar los ejemplares impresos.  

Pero la vida legal de América Deportiva resultó imposible. Y entonces Mediodía fue revivivido, esta vez en formato de periódico de bolsillo y en calidad de diario. Era Hoy en miniatura, como luego lo fuera, aunque con mayor desarrollo y superior técnica, Carta Semanal. Y por millares de ejemplares circulaba por toda La Habana, por toda la Isla.  

Después y con simultaneidad a Mediodía, apareció Vanguardia. Era un semanario tabloide, de una difícil personalidad jurídica. Su franquicia postal fue solicitada y se imprimía públicamente en un taller nos parece que en las calles de Virtudes y Escobar. Su estilo era distinto. Para ganar la legalidad, para sostenerse dentro de ella, había que cuidar las maneras de decir las cosas…Se buscaba una intencionada ligereza literaria, pero con todo el sustrato ideológico indispensable. 

Pensamos, en cierta medida, en el estilo de la Sección en Cuba, de la revista Bohemia, que a su vez tenía antecedentes en México y Estados Unidos. Y algo así hicimos. Con un poco de ritmo cinematográfico, con un lenguaje cuidadoso, narramos acontecimientos y actividades del campo sindical, nos despojamos de nuestra adjetivización incisiva y dijimos todo cuanto creíamos que hacía falta decir.  

La experiencia tuvo éxito, pero la vida de Vanguardia era difícil. Los dueños del taller, sabedores de nuestras dificultades y de que se dilataba la obtención de la franquicia postal, ponían obstáculos a cada edición. Querían más y más dinero, con el pretexto de los riesgos que corrían. La policía prácticamente vigilaba cada edición, se entrometía, estorbaba. 

Luego vino La Última Hora. Era un diario de 6 a 8 páginas, sin pase, modesto y objetivo. Y ya sabemos lo que para los enemigos del pueblo significa la objetividad…

Al frente de La Última Hora aparecía Julio Veliz, ex director de La Correspondencia de Cienfuegos. Era un buen periodista, enterado de lo mejor de la técnica, ágil, combativo y valiente. Tenía cultura. Conocía la vida interna de la llamada “gran prensa”. Asimismo había vivido “en las entrañas del monstruo” y lo consideraba su enemigo. Era satírico y tenía un don especial para tratar a la gente, para armonizar criterios y superar dificultades. Era jovial, humorista, trabajador y abnegado. 

Para asumir la dirección de La Última Hora renunció a la dirección de su diario cienfueguero, al que había logrado elevar a una circulación equivalente a más de seis mil suscriptores. Hacía un buen periódico del interior, desembarazado de prejuicios, donde satirizaba a la “alta sociedad”, a la que pertenecía por tradición y compromiso. Su fuente de información, a diferencia de la restante prensa burguesa, eran los juzgados y tribunales donde se dirimían causas civiles. De ellas sacaba material para poner al fresco la podredumbre interna de las relaciones y maquinaciones de los grandes intereses financieros, políticos y económicos. 

Por servir a la clase obrera y al pueblo, por servir a la patria y combatir al imperialismo, renunció a su pasado de comodidades y holgura económica. Y aceptó la vida de riesgos, de sacrificios, de batalla.  

La Última Hora salía todas las tardes, alrededor de las seis. Se editaba en los talleres del periódico Pueblo, que un tahúr de la prensa burguesa, Humberto Rubio, había adquirido mediante un chantaje de tipo sexual preparado contra el entonces ministro de Hacienda de Carlos Prío y magnate del ron cubano, Pepín Bosch…Julio Véliz se desenvolvía dentro de aquella atmósfera con suficiente seguridad y astucia simpática. 

UN ERROR DE LA ÚLTIMA HORA 

Ocurrió durante la conmemoración del Primero de Mayo de 1951. La Última Hora atendió las dos celebraciones que se efectuaron ese día. Una, la oficial, frente a Palacio; la otra, la de las masas, clandestinamente. Nos propusimos reflejar ambas de modo objetivo. 

En la de Palacio respetamos el acuerdo. Aquello fue ridículo, absurdo, grotesco, sin calor de masas, sin pensamiento obrero, sin entusiasmo, sin verdad. No comentamos: nos limitamos a describir lo que había ocurrido. Fue un buen trabajo. 

Pero en la conmemoración verdadera hubo batalla contra la policía. Se produjeron disparos y agresiones. Gráficamente captamos estas últimas. Y todo iba bien, hasta que llegó la hora de redactar. Allí nos extralimitamos un poco. Hicimos concesiones a la adjetivización fervorosa, lo que permitía concluir parcialidad. No fue algo exagerado, pero si indebido…Habíamos perdido transitoriamente –al día siguiente estaba recuperado—el tono objetivo. 

La Última Hora luego se transformó en revista semana. Pero eso pertenece a otra época. Este periplo evocador ha de cerrarse con la reaparición de hoy, eso fue el 26 de agosto de 1951.  

(Esta nota escrita por Honorio Muñoz vio la luz el 16 de mayo de 1963, en un magazine especial sobre el primer cuarto de siglo de la fundación del periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular)

 

Fuente:Cubaperiodista

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